En la era de la inteligencia artificial,
el problema ya no es acceder a la información.
Es frenarla.
Hoy cualquiera publica.
Cualquiera opina.
Cualquiera automatiza.
Pero no cualquiera filtra.
Ahí sigue estando el oficio:
decidir qué vale la pena,
qué necesita contexto,
qué conviene no amplificar.
La IA acelera.
El algoritmo empuja.
La biblioteca —todavía— pregunta.
Y a veces, decir “esto no”
es el acto más radical que nos queda.
✍️ Del papel al algoritmo
Fernando Gabriel Gutiérrez