Universo Abierto
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Feb 9, 2026

Libros mortales: el peligro invisible de las bibliotecas victorianas

McLean, Pauline. “If Books Could Kill: The Poison Legacy Lurking in Libraries.” BBC News, 7 de junio de 2025. https://www.bbc.com/news/articles/c4g2y9xq58no Durante la época victoriana, el color verde, especialmente un tono vibrante de esmeralda obtenido mediante la combinación de cobre y arsénico, fue extremadamente popular en todo tipo de objetos, desde papeles pintados hasta juguetes infantiles…


McLean, Pauline. “If Books Could Kill: The Poison Legacy Lurking in Libraries.BBC News, 7 de junio de 2025. https://www.bbc.com/news/articles/c4g2y9xq58no

Durante la época victoriana, el color verde, especialmente un tono vibrante de esmeralda obtenido mediante la combinación de cobre y arsénico, fue extremadamente popular en todo tipo de objetos, desde papeles pintados hasta juguetes infantiles y libros.

Su atractivo radicaba no solo en la intensidad del color, sino también en su resistencia al desvanecimiento con la luz. Sin embargo, esta elección estética ha dejado un legado tóxico: la combinación de elementos utilizada en los pigmentos verdes es venenosa, y más de un siglo después representa un riesgo para quienes manipulan libros antiguos. Los vínculos prolongados con estos objetos pueden causar intoxicación por arsénico de bajo nivel, afectando la piel, el hígado, los riñones y la producción de células sanguíneas, lo que aumenta el riesgo de anemia e infecciones.

El problema es particularmente relevante en el ámbito de los libros victorianos, que han sobrevivido a lo largo de los siglos en archivos y bibliotecas de todo el mundo, a diferencia de otros objetos domésticos que se deterioran más rápidamente. Libreros y conservadores enfrentan así un desafío moderno derivado de una moda del siglo XIX. Para abordar esta amenaza, iniciativas como el Poison Book Project en Delaware identificaron títulos potencialmente peligrosos en colecciones históricas, incluso en la Biblioteca Nacional de Francia, donde se retiraron inmediatamente algunos ejemplares. Inspirada en esta iniciativa, la Universidad de St Andrews comenzó a explorar métodos seguros y no destructivos para detectar toxinas en sus colecciones históricas.

La bióloga y conservadora Erica Kotze y la bioquímica convertida en especialista en colecciones Dr. Pilar Gil desarrollaron un enfoque innovador que emplea un espectrómetro, inicialmente diseñado para detectar minerales en rocas, para identificar pigmentos verdes tóxicos en libros antiguos. Tras cientos de pruebas, descubrieron patrones específicos que permitían reconocer con precisión los libros peligrosos. Posteriormente, colaboraron con el departamento de física para crear un dispositivo portátil más económico, que utiliza luz visible e infrarroja para señalar la presencia de arsénico mediante un destello rojo. Este prototipo ha sido probado con éxito en la colección de St Andrews y en la Biblioteca Nacional de Escocia, y se espera que su diseño pueda compartirse con otras instituciones a nivel mundial.

El desarrollo de este dispositivo no solo ofrece una forma segura de manejar libros potencialmente peligrosos, sino que también permite que continúen siendo accesibles al público bajo precauciones adecuadas, como el uso de guantes. Sin embargo, la toxicidad de estos libros no desaparecerá con el tiempo; al contrario, a medida que se deterioran, el riesgo aumenta. La prioridad de los conservadores hoy en día es equilibrar la protección del público con la preservación del acceso a las colecciones históricas, evitando restricciones innecesarias mientras se minimizan los riesgos para la salud.