Última semana del año.
Mientras muchas oficinas bajan la persiana simbólica, en la biblioteca queda una pregunta flotando, incómoda y necesaria:
¿Qué hacemos con todo lo que se produjo este año… en digital?
Archivos, versiones, borradores, PDFs duplicados, carpetas llamadas “final”, “final2”, “final_post”.
Correos, chats, capturas, audios, enlaces guardados “para después”.
Nada ocupa estanterías, pero todo ocupa cabeza.
Durante décadas, el expurgo fue un acto material y visible.
Libros que se revisaban, se tocaban, se discutían.
Hoy, el descarte ocurre en silencio —o no ocurre nunca.
La cultura digital nos empuja a guardar todo, porque “no cuesta”, porque “por las dudas”, porque “después vemos”.
Pero el resultado es conocido: ruido, desorientación, pérdida de sentido.
Un bibliotecario, incluso en tiempos de IA, no acumula:
selecciona, organiza, contextualiza.
No se trata de aplicar al mundo digital el mismo gesto que al impreso.
Se trata de hacer visible la decisión.
Algunas preguntas clave de fin de año:
¿Este archivo aporta valor o solo ocupa espacio?
¿Está bien nombrado, descrito, localizado?
¿Alguien más podría entenderlo sin explicación oral?
¿Esto es memoria institucional o residuo operativo?
El equilibrio no está entre papel y pantalla.
Está entre conservar con criterio y dejar ir sin culpa.
La inteligencia artificial promete orden automático, limpieza, clasificación.
Puede ayudar, sí.
Pero no reemplaza el gesto central del bibliotecario:
👉 decidir qué merece permanecer.
La IA acelera procesos.
La biblioteca sostiene sentidos.
¿Tiene sentido hablar de esto en Navidad y fin de año?
Más que nunca.
Porque el cierre de año es un ritual de balance.
Y porque muchos usuarios llegan agotados, saturados, con más archivos que claridad.
Orientar no es imponer reglas, es ofrecer criterios:
Nombrar mejor.
Guardar menos.
Documentar lo importante.
Aceptar que no todo debe conservarse.
Tal vez el acto más radical de esta semana no sea subir un nuevo archivo,
sino cerrar una carpeta, ordenar una colección digital, borrar con conciencia.
No por eficiencia.
Por cuidado.
Porque en tiempos de IA, la biblioteca sigue siendo un espacio de pausa.
Un lugar donde el conocimiento no se mide por cantidad,
sino por sentido.
✍️ Del Papel al Algoritmo
Fernando Gabriel Gutiérrez
Última semana del año