Tecnológico de Monterrey - Instituto para el Futuro de la Educación
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Nov 26, 2025

Mujeres, activismo y el 25N

Para quienes nos reivindicamos feministas, este día trasciende lo conmemorativo y se convierte en un acto de resistencia colectiva.

Etiqueta: feminismo - 25N

Cuando iniciaba mi formación como feminista, una de mis profesoras nos compartió esta frase: “Desde que existe el patriarcado, existen resistencias feministas…”. Esa frase se me quedó grabada porque, a menudo, se tiende a tener la idea de que la lucha por los derechos de las mujeres forma parte de la historia moderna, una moda o un tema que solo resurge en fechas institucionalizadas”.

Pero la realidad es otra. Desde que se instauró el sistema patriarcal como estructura de poder, las mujeres nos hemos organizado a través de acciones tan cotidianas, pero no menos subversivas, como conversar sobre las desigualdades y violencias que aún persisten, hasta impulsar movilizaciones que han dado lugar a reformas y leyes que reconocen derechos que nos fueron negados. Existen muchas formas de resistir y luchar.

Justo hoy, 25 de noviembre, es una de esas fechas que las feministas, y espero que muchas mujeres, debemos seguir nombrando. No solo porque la violencia contra niñas, adolescentes y mujeres es vigente en todos los ámbitos, sino como un ejercicio de memoria y affidamento (lealtad, confianza, cuidado mutuo) feminista, para recordar la vida y la resistencia de tres mujeres que dieron origen a este día: Patria, Minerva y María Teresa Mirabal.

Conocidas como “Las Mariposas”, lideraron el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, opositor a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, uno de los regímenes autoritarios más atroces de América Latina.

Aunque sus voces se volvieron emblemáticas dentro de la resistencia, la persecución de Trujillo hacia ellas comenzó poco antes de su oposición organizada. En 1949, durante una recepción en honor al dictador, Minerva llamó su atención y él decidió “cortejarla”. Ella no solo lo rechazó de manera tajante, sino que además lo confrontó, exigiéndole que cesara el acoso judicial contra Pericles Franco, uno de los fundadores del Partido Socialista Popular.

Este rechazo, en conjunto con la actituddesafiante” de Minerva —pues retaba los estereotipos de género y lo que esperaba de una mujer en esa época—, representó una humillación para Trujillo, acostumbrado a hacer uso de su poder para obtener lo que deseaba. A partir de entonces, el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), por órdenes del dictador, inició una vigilancia y persecución constantes en contra de la familia Mirabal. Aun bajo vigilancia y para continuar con su activismo político, Minerva comenzó a firmar sus comunicados como “La Mariposa” para mantener su anonimato, un apodo que después identificaría también a sus hermanas y que años más tarde se convertiría en símbolo de resistencia y libertad.

La persecución por parte de Trujillo incluyó numerosos arrestos, vejaciones y el despojo del patrimonio de la familia Mirabal. Minerva era citada casi a diario a la fortaleza Ozama para ser interrogada sobre su afinidad con ideas socialistas. En 1960, las tres hermanas y sus esposos fueron arrestados, acusados de “atentar contra la seguridad del Estado”. Finalmente, las tres hermanas fueron liberadas el 7 de agosto de ese año, tras la presión internacional de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

A pesar de su liberación, el hostigamiento seguía. El 25 de noviembre de 1960, apenas tres meses después de obtener su libertad, Patria, Minerva y María Teresa fueron asesinadas por orden de Trujillo, mientras regresaban de visitar a sus esposos, quienes permanecían encarcelados como prisioneros políticos. En la carretera entre Puerto Plata y Santiago, agentes del SIM interceptaron su vehículo, las golpearon de forma brutal, se dice que las estrangularon y arrojaron sus cuerpos por un barranco dentro del auto, simulando un accidente.

Tras su asesinato, la caída del régimen se aceleró; el asesinato de las hermanas generó indignación internacional y, en mayo de 1961, finalmente Trujillo fue abatido.

Veinte años después, en 1981, mujeres feministas de la región se reunieron en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Bogotá, Colombia, donde se acordó declarar el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en homenaje a las hermanas Mirabal. Nombrándolas símbolo de resistencia frente a la violencia política y la opresión patriarcal, pues su asesinato no solo fue por ser voces disidentes a un régimen autoritario, sino por encarnar a mujeres que se negaron a someterse a los mandatos sociales que se esperaban de ellas.

Casi 40 años más tarde de aquel 25 de noviembre, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció oficialmente la fecha como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 17 de diciembre de 1999, mediante la Resolución 54/134 de la Asamblea General, institucionalizando así la fecha a nivel global.

Para quienes nos reivindicamos feministas y para tantas mujeres más, este día trasciende lo conmemorativo y se convierte en un acto de resistencia colectiva. Alrededor del mundo, seguimos organizándonos para nombrar y erradicar las desigualdades cotidianas: la brecha salarial que limita nuestra autonomía y desarrollo, la distribución no equitativa de los cuidados que reduce nuestra calidad de vida, la inseguridad que se ha colado hasta entornos digitales y, sobre todo, para exigir nuestro derecho a vivir una vida libre de violencia. Lo hacemos en remembranza de la profética frase que un día pronunció Minerva Mirabal, y que hoy sigue resonando con fuerza en cada una de las jóvenes y mujeres que se posicionan a favor de la igualdad de género:

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”.


Referencias:

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