En casa, la conversación fue mínima.
Yo, con entusiasmo de bibliotecario digitalizado, hablando de un post sobre memes.
Mi hijo, sin despegar la vista del celular:
—Papá… los memes son cosas de viejo.
Listo.
Ahí terminó la charla y empezó la lección cultural.
Para vos y para mí, un meme es:
imagen + texto,
ironía reconocible,
un formato más o menos estable,
un chiste que viaja.
Para ellos, eso es prehistoria digital.
Un meme “viejo” es cualquier cosa que NO tiene:
🔊 sonido viral
🎞️ edición rápida
⚡ ritmo
🔁 repetición
💥 micro-gestos
📱 estética TikTok
El meme clásico ya no es el idioma de los jóvenes:
es el dialecto de los adultos conectados.
Ellos no leen memes: los escuchan.
Un audio viral puede expresar más que un texto.
Un gesto en un video de 3 segundos puede decir más que dos párrafos.
Una edición frenética es más narrativa que una imagen de dos paneles.
Para ellos, el meme es:
sonido
ritmo
emoción condensada
velocidad
edición
repetición
Es otro tipo de alfabetización.
Una que la escuela no enseña
y que las bibliotecas apenas están empezando a mirar.
El modelo escolar sigue basado en:
📚 texto
📄 linealidad
🖊️ producción escrita
📖 lectura prolongada
🔇 silencio
Pero los chicos viven en una cultura que funciona así:
🎧 sonido
📱 retazo audiovisual
✂️ montaje
⚡ velocidad
💬 microexpresiones
🌀 remix
El conflicto no es de edad.
Es de códigos cognitivos.
Ellos no son “adictos”:
habitan otro régimen de atención.
Nosotros no estamos “desactualizados”:
hablamos otro idioma.
Las bibliotecas fueron grandes traductoras de lenguajes:
del manuscrito al libro, del libro al archivo, del archivo al digital.
Pero hoy enfrentan la transición más desafiante:
del documento al clip.
El meme audiovisual es:
– demasiado breve para catalogarlo,
– demasiado mutante para preservarlo,
– demasiado veloz para describirlo,
– demasiado emocional para indexarlo,
– demasiado vivo para fijarlo.
Y aun así, es un documento cultural clave.
Si las bibliotecas no leen estos lenguajes,
quedan fuera del espacio donde hoy se narra el presente.
En pleno siglo XXI, la Biblioteca Nacional puede preservar manuscritos,
pero un chico de 12 años se expresa con un audio viral de 3 segundos.
¿Cuál de los dos explica mejor el clima cultural del país?
Eso es lo incómodo.
Eso es lo urgente.
Mi hijo no me estaba diciendo que yo soy viejo.
Me estaba diciendo que mi Internet ya no es su Internet.
Que su cultura no está hecha de imágenes estáticas, sino de secuencias aceleradas.
Que su humor no es textual, sino corporal y sonoro.
Que su forma de leer no es lineal, sino rítmica.
Que su identidad no se arma con textos, sino con audios y reacciones.
La generación anterior entendía el mundo como párrafo.
Ellos lo entienden como clip.
Y eso, aunque nos incomode, también es lectura.
La frase “los memes son cosas de viejo” no es un juicio.
Es una invitación.
A escuchar.
A observar.
A traducir.
A reconocer que la cultura cambió de forma.
La alfabetización digital crítica no consiste en enseñar a usar plataformas,
sino en enseñar a interpretar las sensibilidades que esas plataformas producen.
Los memes ya no son memes.
Los clips ya no son clips.
Son la gramática emocional de una generación.
Los chicos no están perdidos en la pantalla.
Están leyendo y escribiendo en un idioma para el cual la escuela —y muchas bibliotecas— aún no tienen diccionario.
Y cuando te dicen que lo tuyo “es viejo”, no te están excluyendo:
te están señalando que la puerta de entrada a su mundo está en otro lado.
La pregunta no es si entendemos sus memes.
La pregunta es si estamos dispuestos a entender su modo de leer.
Porque ahí es donde empieza la verdadera educación digital.
Y, en el fondo, donde empiezan las bibliotecas del futuro.