Hoy me volvió a pasar.
Un grupo de adolescentes se quedó mirando con asombro cuando les mostré que podÃan consultar libros electrónicos desde el celular.
No sabÃan lo que era una biblioteca digital.
Tampoco un repositorio.
Y cuando les conté que muchas universidades comparten sus producciones en lÃnea, se miraron entre sà como si les hablara de ciencia ficción.
📱 No es desinterés: es desconocimiento.
Y ese desconocimiento no nació en ellos, sino en una escuela que todavÃa no los conecta con la cultura digital del conocimiento.
No todas las bibliotecas escolares son asÃ, claro.
Hay proyectos admirables, bibliotecarias que reinventan el aula y docentes que abren ventanas al mundo digital.
Pero cada vez escucho más comentarios de estudiantes que nunca aprendieron a buscar un libro electrónico, a citar una fuente en lÃnea, o a reconocer un repositorio académico.
Saben usar TikTok, pero no saben usar un catálogo.
Pasan horas frente a pantallas, pero sin mediación pedagógica ni alfabetización informacional.
Y ahà vuelvo a pensar en nuestro rol.
Las bibliotecas no son un espacio del pasado: son el punto de encuentro entre la tecnologÃa y la lectura significativa.
Porque cuando descubren que la biblioteca también está en el celular, lo que en realidad descubren…
es que el conocimiento todavÃa puede sorprender.
📚 Del papel al algoritmo
Serie: Diario de un bibliotecario en tiempos de IA
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