Del Papel al Algoritmo
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Jan 26, 2026

Los chicos ya aprendieron a copiarse con IA. Los profesores todavía no lo entienden.

📓 Diario del bibliotecario en tiempos de IA


El año pasado entró un estudiante a la biblioteca.
No venía a buscar un libro.
Ni a imprimir un trabajo.

Venía a hablar.

Se sentó, bajó la voz —como si estuviera contando algo prohibido— y empezó a describirme las nuevas formas de copiarse usando inteligencia artificial.
No lo hacía con culpa.
Lo hacía con naturalidad.
Como quien explica cómo funciona el mundo hoy.

Lo más inquietante no fue lo que me contó.
Fue lo que dijo después:

“Lo peor es que los profes no se dan cuenta.”

No había burla en su tono.
Había sorpresa.

Después agregó algo que todavía me resuena:

“No entiendo por qué en la escuela no nos enseñan a usar la IA.
Y tampoco entiendo por qué los profesores no la usan.”

No era una queja.
Era una pregunta honesta.

Y entonces lanzó una hipótesis que me dejó pensando:

“Capaz que les da vergüenza decir que la usan.”

Vergüenza.
No miedo.
No rechazo ético.
Vergüenza de admitir que también necesitan una herramienta nueva para pensar, escribir, planificar.

Mientras tanto —me dijo— ellos no se cansan nunca de hacer trabajos.
Entregan.
Cumplen.
Aprueban.

No porque aprendan más.
Sino porque el sistema sigue evaluando como si la IA no existiera.

Después están los otros docentes.
Los que la demonizan.
Los que dicen “esto no se usa”.
Los que creen que prohibir es educar.

Y sin darse cuenta, atrasan cada vez más.

Porque el problema no es que los estudiantes usen IA.
El problema es que la usan solos.

Sin criterios.
Sin conversaciones.
Sin preguntas incómodas.
Sin adultos que digan: “mostrame cómo pensaste esto”.

La IA no vino a copiar.
Vino a poner en evidencia algo que ya estaba roto.

La distancia entre enseñar y evaluar.
Entre pensar y entregar.
Entre aprender y simular.

En la biblioteca, ese chico no buscaba una herramienta.
Buscaba algo más raro:
alguien que entendiera el mundo en el que ya está viviendo.

Mientras algunos adultos discuten si la IA es buena o mala,
los estudiantes ya aprendieron a convivir con ella.

La pregunta no es si la usan.
La pregunta es quién les enseña a pensar mientras la usan.

Y esa —todavía— sigue siendo una tarea profundamente humana.