BRASIL: Acuerdos transformativos: ¿avance necesario o aumento de la dependencia?
Publicado en blog SciELO en Perspectivahttps://blog.scielo.org/es/2026/01/28/acuerdos-transformativos-en-brasil-avance-necesario-o-aumento-de-la-dependencia/Acordos transformativos no Brasil: avanço necessário ou dependência ampliada?https://blog.scielo.org/blog/2026/01/28/acordos-transformativos-no-brasil-avanco-necessario-ou-dependencia-ampliada/Transformative agreements in Brazil: necessary progress or increased dependence?https://blog.scielo.org/en/2026/01/28/transformative-agreements-in-brazil-necessary-progress-or-increased-dependence/Acuerdos transformativos en Brasil: ¿avance necesario o aumento de la dependencia?28 enero, 2026Por Ricardo Limongi França CoelhoIntroducciónA partir de 2024, CAPES intensificó su política de acuerdos transformativos con editoriales científicas internacionales, firmando contratos con Springer Nature, Wiley, Elsevier, IEEE, American Chemical Society (ACS) y Royal Society Publishing. Estos acuerdos permiten a investigadores brasileños afiliados a más de 430 instituciones publicar en acceso abierto sin pagar individualmente las tarifas de procesamiento de artículos (APC). La iniciativa representa una inversión significativa, estimada en más de US$43 millones anuales, y plantea importantes interrogantes sobre el rumbo de la comunicación científica en el país.Este texto propone un análisis de esta política, considerando tres dimensiones: el contexto internacional de críticas a los acuerdos transformativos, las experiencias de países e instituciones que han optado por caminos alternativos y la posición única de Brasil como líder histórico en acceso abierto no comercial a través de la Red SciELO.El modelo de negocio de la publicación científica: una breve contextualizaciónPara contextualizar el debate, conviene revisar los modelos de publicación vigentes. En el modelo tradicional de suscripción, las editoriales cobran a bibliotecas e instituciones por el acceso al contenido; en el cual los autores no pagan, pero los artículos están sujetos a un sistema de pago. En el modelo de Acceso Abierto Oro (Gold OA), los autores o sus instituciones pagan cuotas de acceso para que los artículos estén disponibles de inmediato; estas tarifas oscilan entre 3.000 y 11.000 dólares estadounidenses en revistas de alto impacto.Las revistas híbridas combinan ambos modelos: operan por suscripción, pero ofrecen la opción de acceso abierto mediante el pago de una cuota de acceso. Es en este contexto que surgen acuerdos transformativos, diseñados para facilitar la transición del modelo de suscripción al acceso abierto, integrando los costos de lectura y publicación en contratos únicos.También existe el modelo de Acceso Abierto Diamante (Diamond OA), en el que no se cobran cargos a autores ni lectores. La financiación proviene de instituciones públicas, universidades, sociedades científicas y agencias de financiación. La Red SciELO, creada en 1997, ha operado predominantemente bajo este modelo durante casi tres décadas.El problema de la doble inmersión y las críticas estructuralesUna de las principales críticas a los acuerdos transformativos se refiere al fenómeno conocido como double dipping (o doble inmersión): cobrar dos veces por el mismo contenido. El estudio Does double dipping occur? The case of Wiley’s hybrid journals1, publicado en Scientometrics analizó 1.141 revistas híbridas de Wiley entre 2015 y 2021 y concluyó que “el aumento en la proporción de artículos de acceso abierto no se ha traducido en una reducción de los precios de suscripción; por lo tanto, es innegable que se produce double dipping” (Shu y Larivière, 2023).En la práctica, las instituciones siguen pagando suscripciones por el acceso a contenido cerrado, al tiempo que financian los APC para publicaciones de acceso abierto en las mismas revistas. Una encuesta de Research Libraries UK identificó que las bibliotecas británicas pagaron 14,2 millones de libras esterlinas en suscripciones a Elsevier y 937.000 libras esterlinas en APC para revistas híbridas de la misma editorial, lo que generó ingresos adicionales de más del 6%.Estos datos cobran relevancia si consideramos los márgenes de beneficio de las grandes editoriales. Elsevier opera con un margen del 38,4%, Wiley con el 32,1% y Springer Nature con el 27,7% (Research Professional News, 2025). Estos porcentajes son superiores a los de empresas como Apple (24,6%) y Google (21,2%), según un análisis de Larivière, Haustein y Mongeon2 (2015).Experiencias internacionales: rupturas y renegociacionesVarios países e instituciones han optado por caminos distintos a los acuerdos transformativos convencionales, lo que ofrece perspectivas comparativas relevantes.El consorcio alemán DEAL, que reúne a más de 700 instituciones académicas, llevó a cabo largas negociaciones con importantes editoriales. Tras el fracaso de las negociaciones con Elsevier en 2016, casi 200 instituciones alemanas quedaron sin acceso a la editorial durante años. El acuerdo final de 2023 estableció un coste de €2.550 por artículo, lo que representa una reducción de aproximadamente el 40% en comparación con el período anterior. La experiencia demostró que la negociación colectiva entre cientos de instituciones puede alterar significativamente la dinámica de poder en relación con las editoriales.El MIT finalizó las negociaciones con Elsevier en junio de 2020 y permanece sin contrato, ahorrando aproximadamente 2 millones de dólares estadounidenses al año. El director de bibliotecas, Chris Bourg, declaró: «Esto es lo correcto tanto en términos de nuestros valores de compromiso público como desde una perspectiva económica».La Universidad de California, responsable de casi el 10% de la investigación en EE.UU., canceló su contrato con Elsevier en 2019. Durante el periodo sin acceso, los investigadores recurrieron a alternativas como preprints, préstamos interbibliotecarios y contacto directo con los autores. El acuerdo firmado en 2021 estableció un modelo de costes compartidos considerado más favorable.El CNRS francés tomó decisiones de gran valor simbólico: canceló su suscripción a Scopus (Elsevier) en enero de 2024 y anunció el fin del acceso a Web of Science (Clarivate) a partir de enero de 2026, ahorrando 1,4 millones de euros anuales. Los recursos se redirigirán a bases de datos abiertas como OpenAlex.El subdirector científico del CNRS, Alain Schuhl, justificó: “Durante mucho tiempo, la investigación ha estado vinculada a indicadores que no guardan relación con la calidad intrínseca de los avances científicos descritos en una publicación”3. La institución anima explícitamente a sus investigadores a no pagar comisiones por publicidad en revistas híbridas.El Consorcio Bibsam de Suecia canceló su contrato con Elsevier en 2018 tras 20 años de relación. Durante los 17 meses sin acceso, una encuesta a 4.221 investigadores reveló que el 54% se vio afectado negativamente, el 37 % no se vio afectado y el 38% consideró la cancelación positivamente. El nuevo acuerdo de 2020 garantizó la publicación ilimitada en revistas de acceso abierto en más de 2.000 revistas.Los Países Bajos, a través de VSNU, obtuvieron un acuerdo que cubre el 95% de los artículos holandeses en acceso abierto. Sin embargo, críticos como Sarah de Rijcke (Universidad de Leiden) advirtieron sobre los riesgos de otorgar a las editoriales la condición de “socio privilegiado” y la posible “transferencia de capital intelectual de las universidades a una sola empresa”.cOAlition S y los límites reconocidos de los acuerdos transformativosLa propia cOAlition S, un consorcio de agencias de financiación europeas que promovió activamente los acuerdos transformativos como vía hacia el acceso abierto, ha reconocido sus limitaciones. En enero de 2023, anunció el fin del apoyo financiero para estos acuerdos después de diciembre de 2024, afirmando que “los acuerdos transformativos no están acelerando [la transición al acceso abierto] con la suficiente rapidez”4.Un estudio del JISC del Reino Unido calculó que, al ritmo actual de conversión de revistas, las cinco principales editoriales tardarían al menos 70 años en convertir sus títulos bajo acuerdos transformativos al acceso abierto completo (Scholarly Kitchen, 2024). La estrategia 2026-2030 de cOAlition S representa un cambio significativo, priorizando diversos modelos como el Acceso Abierto Diamante y los preprints.El artículo Six Myths, Busted5 (2021), publicado por bibliotecarios de instituciones como la Fundación Gates, la Universidad de Minnesota y CUNY, sistematizó críticas fundamentales: los acuerdos se limitan a instituciones y consorcios con alta concentración de investigación, creando un sistema de acceso jerárquico para la publicación abierta; los APCs siguen siendo el núcleo de los acuerdos transformativo; y solo el 25% de los acuerdos registrados en ESAC cuenta con información pública sobre precios.Es en este punto que la postura de Brasil merece una reflexión específica. América Latina opera el mayor ecosistema de acceso abierto diamante del mundo, con el 95% de las revistas sin cobro de APCs (2024). La Red SciELO, fundada en 1997 por la FAPESP y BIREME, precede, por más de dos décadas, a las discusiones sobre el Plan S y los acuerdos transformativos.La red alberga actualmente más de 1.600 revistas en 13 países, con un costo promedio de publicación de entre 300 y 400 dólares estadounidenses por artículo, una fracción de las tarifas que cobran las editoriales comerciales. Redalyc (Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal) y AmeliCA (Acceso Abierto para América Latina y el Sur Global) complementan este ecosistema, representando una infraestructura cooperativa, no comercial y liderada por académicos.Abel Packer, cofundador y director de SciELO, ha cuestionado el modelo de APC: “Si SciELO puede producir una edición de vanguardia por entre 300 y 400 dólares estadounidenses por artículo, ¿por qué los académicos pagan tanto más a las editoriales comerciales?”6. La pregunta apunta a una tensión estructural: Brasil invierte importantes recursos en acuerdos con editoriales comerciales, a la vez que cuenta con su propia infraestructura consolidada y la experiencia acumulada durante casi tres décadas.cOAlition S reconoció el modelo latinoamericano al publicar, en marzo de 2022, el Plan de Acción para el Acceso Abierto Diamante7, avalado por más de 146 organizaciones. El documento identifica a SciELO, Redalyc y AmeliCA como referentes para un sistema de publicación científica independiente de los APC.El sistema de evaluación es una variable críticaUn análisis exhaustivo de la política de APC no puede ignorar su relación con el sistema de evaluación científica. Qualis de CAPES aún favorece las publicaciones en revistas internacionales de alto impacto, que en su mayoría pertenecen a editoriales comerciales. Esto genera una presión sistémica: los investigadores necesitan publicar en estas revistas para progresar en sus carreras; estas publicaciones exigen altos APC, y el gobierno asume los costos mediante acuerdos transformativos.La Declaración de San Francisco sobre la Evaluación de la Investigación (DORA), firmada por más de 22.000 investigadores e instituciones en 159 países, recomienda explícitamente que el factor de impacto no se utilice como indicador de la calidad individual. El CNRS francés firmó la DORA en 2019 y reformó su sistema de evaluación. En Brasil, aproximadamente 1.200 investigadores firmaron individualmente, pero ninguna agencia nacional de financiación se ha adherido formalmente.El Proyecto de Métricas (2022-2023), en colaboración entre universidades brasileñas y DORA, identificó tres prioridades: conocimiento de las prácticas de evaluación responsable; comprender qué indicadores son útiles y cuáles se utilizan incorrectamente; y capacitación para la evaluación cualitativa. Reformar el sistema de evaluación se presenta como una condición necesaria para reducir la dependencia de las editoriales comerciales.Reconocer las tensiones y señalar caminos a seguirEl propio Grupo de Trabajo de Acceso Abierto de CAPES reconoció, en un informe de 2024, «la comercialización del Acceso Abierto por parte de las editoriales, que impone altos costos de APC» y «la insostenibilidad de un modelo financiero basado exclusivamente en APC». Al mismo tiempo, concluyó que los acuerdos transformativos son «actualmente la vía más adecuada», enfatizando la necesidad de fortalecer simultáneamente las revistas nacionales.Esta postura refleja una tensión real: los acuerdos resuelven un problema concreto para los investigadores individuales, especialmente los jóvenes investigadores sin recursos propios, al tiempo que canalizan recursos públicos hacia un modelo que la comunidad internacional cuestiona cada vez más.Las experiencias internacionales sugieren que los acuerdos transformativos pueden ser herramientas de transición, pero no deben considerarse un destino final. Del análisis comparativo surgen tres direcciones complementarias:Reforma del sistema de evaluación: revisar Qualis para valorar las publicaciones en revistas de acceso abierto de alta calidad, reduciendo la presión sistémica para publicar en revistas comerciales de alto impacto. La adhesión formal a DORA indicaría el compromiso institucional con este cambio.Inversión en infraestructura nacional: redirigir parte de los recursos actualmente asignados a los APC para fortalecer SciELO, los repositorios institucionales y las revistas brasileñas. Si US$43 millones anuales fluyen a editoriales con márgenes del 30-38%, una fracción de esa cantidad aplicada a la infraestructura nacional generaría una capacidad editorial significativamente mayor.Consideraciones finalesBrasil ocupa una posición única en este debate: es simultáneamente líder mundial en acceso abierto no comercial, a través de la Red SciELO, y un país que ha adoptado acuerdos transformativos a gran escala con editoriales comerciales. Esta aparente contradicción refleja tensiones reales entre la visibilidad internacional a corto plazo y la soberanía científica a largo plazo.La experiencia de países como Francia, Alemania, Suecia y Estados Unidos demuestra que existen alternativas a la aceptación pasiva de las condiciones impuestas por las grandes editoriales. La decisión del CNRS de romper con la Web of Science y redirigir recursos a bases de datos abiertas, como OpenAlex, ofrece un modelo de transición que prioriza la infraestructura controlada por la comunidad científica.La política de APC de CAPES responde a una demanda legítima de los investigadores brasileños de competitividad internacional. La pregunta que queda es si esta solución a corto plazo debería consolidarse como una política estatal permanente o si Brasil utilizará su experiencia acumulada en publicaciones científicas abiertas para liderar una transición más estructural.Como observó Jan Velterop en estas páginas en 2018, los preprints y los nuevos modelos de publicación representan “una oportunidad, colocando a las revistas e instituciones en el centro del desarrollo”8 de la comunicación científica. Brasil está en condiciones de estar en ese centro, no como consumidor de soluciones comerciales, sino como protagonista de alternativas.Notas1. SHU, F., & LARIVIÈRE, V.. Does double dipping occur? The case of Wiley’s hybrid journals. Scientometrics, [online]. 2023, vol. 128, pp. 4151–4168. [viewed 28 January 2026] https://doi.org/10.1007/s11192-023-04800-8. Available from: https://link.springer.com/article/10.1007/s11192-023-04800-82. LARIVIÈRE, V., HAUSTEIN, S., & MONGEON, P. The oligopoly of academic publishers in the digital era. PLOS ONE. 2015, 10(6), e0127502. [viewed 28 January 2026]. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0127502. Available from: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.01275023. The CNRS is breaking free from the Web of Science [online]. CNRS. 2025 [viewed 28 Jan 2026]. Available from: https://www.cnrs.fr/en/update/cnrs-breaking-free-web-science4. cOAlition S confirms the end of its financial support for Open Access publishing under transformative arrangements after 2024 [online]. cOAlition S. 2023 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://www.coalition-s.org/coalition-s-confirms-the-end-of-its-financial-support-for-open-access-publishing-under-transformative-arrangements-after-2024/5. FARLEY, A.; LANGHAM-PUTROW, A.; SHOOK, E.; STERMAN, L. B.; WACHA, M. Transformative agreements: Six myths, busted. College & Research Libraries News [online]. 2021, vol. 82, no. 7, ISSN: 2150-6698 [viewed 28 January 2026]. DOI: https://doi.org/10.5860/crln.82.7.298. Available from: https://crln.acrl.org/index.php/crlnews/article/view/250326. PACKER, Entrevista Abel Packer. SciELO em Perspectiva, 2013 [viewed 28 January 2026]. Available from:. https://blog.scielo.org/blog/2013/07/15/entrevista-abel-packer/7. Action Plan for Diamond Open Access [online]. cOAlition S. 2022 [viewed 23 January 2026] Available from: https://www.coalition-s.org/action-plan-for-diamond-open-access/8.VELTEROP, J. O que significa uma nova abordagem (para periódicos, conselhos de pesquisa)? SciELO em Perspectiva, 2018 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://blog.scielo.org/blog/2018/07/19/o-que-significa-uma-nova-abordagem-para-periodicos-conselhos-de-pesquisa/ReferenciasAcordos transformativos [online]. Portal de Periódicos CAPES. 2024 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://www.periodicos.capes.gov.br/index.php/acessoaberto/acordos-transformativos.htmlAction Plan for Diamond Open Access [online]. cOAlition S. 2022 [viewed 28 January 2026] Available from: https://www.coalition-s.org/action-plan-for-diamond-open-access/cOAlition S confirms the end of its financial support for Open Access publishing under transformative arrangements after 2024 [online]. cOAlition S. 2023 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://www.coalition-s.org/coalition-s-confirms-the-end-of-its-financial-support-for-open-access-publishing-under-transformative-arrangements-after-2024/Elsevier parent company reports 10% rise in profit, to £3.2bn. Research Professional News. 2025 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://www.researchprofessionalnews.com/rr-news-world-2025-2-elsevier-parent-company-reports-10-rise-in-profit-to-3-2bn/FARLEY, A.; LANGHAM-PUTROW, A.; SHOOK, E.; STERMAN, L. B.; WACHA, M. Transformative agreements: Six myths, busted. College & Research Libraries News [online]. 2021, vol. 82, no. 7, ISSN: 2150-6698 [viewed 28 January 2026]. DOI: https://doi.org/10.5860/crln.82.7.298. Available from: https://crln.acrl.org/index.php/crlnews/article/view/25032LARIVIÈRE, V., HAUSTEIN, S., & MONGEON, P. The oligopoly of academic publishers in the digital era. PLOS ONE. 2015, 10(6), e0127502. [viewed 23 January 2026]. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0127502. Available from: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0127502MIT, guided by open access principles, ends Elsevier negotiations [online]. MIT News. 2020 [viewed 23 January 2026]. Available from: https://news.mit.edu/2020/guided-by-open-access-principles-mit-ends-elsevier-negotiations-0611MOUTINHO, S. Latin American journals are open-access pioneers. Now they need an audience. Science [online]. 2024, vol. 386, no.6726 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://www.science.org/content/article/latin-american-journals-are-open-access-pioneers-now-they-need-audiencePACKER, Entrevista Abel Packer. SciELO em Perspectiva, 2013 [viewed 28 January 2026]. Available from:. https://blog.scielo.org/blog/2013/07/15/entrevista-abel-packer/San Francisco Declaration on Research Assessment [online]. DORA. 2012 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://sfdora.org/read/SHU, F., & LARIVIÈRE, V.. Does double dipping occur? The case of Wiley’s hybrid journals. Scientometrics, [online]. 2023, vol. 128, pp. 4151–4168. [viewed 28 January 2026] https://doi.org/10.1007/s11192-023-04800-8. Available from: https://link.springer.com/article/10.1007/s11192-023-04800-8The CNRS is breaking free from the Web of Science [online]. CNRS. 2025 [viewed 28 Jan 2026]. Available from: https://www.cnrs.fr/en/update/cnrs-breaking-free-web-scienceTransitional agreements aren’t working: What comes next?. Scholarly Kitchen, 2024 [viewed 28 January]. Available from: https://scholarlykitchen.sspnet.org/2024/04/04/transitional-agreements-arent-working-what-comes-next/UC and Elsevier: FAQs. Office of Scholarly Communication. Office of Scholarly Communication da University of California. 2021 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://osc.universityofcalifornia.edu/uc-publisher-relationships/uc-and-elsevier/VELTEROP, J. O que significa uma nova abordagem (para periódicos, conselhos de pesquisa)? SciELO em Perspectiva, 2018 [viewed 28 January 2026]. Available from: https://blog.scielo.org/blog/2018/07/19/o-que-significa-uma-nova-abordagem-para-periodicos-conselhos-de-pesquisa/ Sobre Ricardo Limongi França CoelhoProfesor de Marketing e Inteligencia Artificial, Universidad Federal de Goiás (UFG), Goiânia–GO, y editor jefe de la revista Brazilian Administration Review (BAR) de la ANPAD, becario DT-CNPq.
Tres importantes universidades de investigación renuncian al nuevo acuerdo con Elsevier
Grove, Jack. “Three Major Research Universities Opt Out of New Elsevier Deal.” Times Higher Education, 22 de enero de 2026. https://www.timeshighereducation.com/news/three-major-research-universities-opt-out-new-elsevier-deal En enero de 2026, tres universidades británicas centradas en investigación anunciaron que no renovarán sus acuerdos con la editorial académica Elsevier, a pesar de que una negociación nacional liderada por el organismo sectorial Jisc…
REINO UNIDO: 3 universidades no renovarán suscripciones con ELSEVIER
Publicado en THE Times Higher Educationhttps://www.timeshighereducation.com/news/three-major-research-universities-opt-out-new-elsevier-deal Tres importantes universidades de investigación se retiran del nuevo acuerdo con ElsevierLas quejas por el «aumento de precios» y los modelos de acceso abierto llevan a las instituciones británicas a rechazar la oferta del gigante editorial, a pesar del acuerdo negociado a nivel nacional.Publicado el 22 de enero de 2026Última actualización: 22 de enero de 2026Jack GroveTwitter: @jgro_theTres universidades británicas intensivas en investigación han revelado que no renovarán sus suscripciones a las revistas de Elsevier debido a la preocupación por el coste de un acuerdo acordado a nivel nacional. El mes pasado, el organismo sectorial de TI Jisc, que ha liderado las negociaciones con las «cinco grandes» editoriales académicas —Taylor & Francis, Elsevier, Springer Nature, Wiley y Sage— en nombre del sector británico, anunció que las negociaciones habían concluido con éxito tras nueve meses de conversaciones.Aunque Jisc afirmó que los acuerdos representaban «ofertas sólidas y líderes en el mercado que maximizan el valor y permiten ahorrar en comparación con los precios históricos», varias universidades han decidido no suscribirse a la editorial más grande del mundo, Elsevier, que publica más de 2,800 revistas.En una declaración sobre el futuro acceso a las revistas, la Universidad de Kent confirmó que «no renovará el acuerdo Read and Publish con Elsevier en 2026», afirmando que «los fondos liberados se utilizarán para apoyar un enfoque más sostenible y centrado en los investigadores para la publicación de acceso abierto (OA) en Kent, lo que incluye la financiación de los APC [gastos de procesamiento de artículos] en las revistas de Elsevier». Aún no se han dado a conocer los detalles sobre si la universidad firmará acuerdos con las otras cuatro editoriales.Una actualización de la Universidad de Essex también confirma que su acuerdo con Elsevier no se ha renovado, aunque sí se han firmado acuerdos con Sage, Springer Nature, Taylor & Francis y Wiley para 2026 en adelante.La mayoría de las universidades del Reino Unido aún no han declarado si aceptarán el acuerdo negociado por Jisc con Elsevier, y el acuerdo para 2023-25 se ha prorrogado un mes, hasta finales de enero, para permitir nuevas negociaciones.Sin embargo, más universidades se retirarán una vez que expire el período de gracia, según predijo un bibliotecario sénior de una institución que es una de las que no aceptará el acuerdo con Elsevier.«Me pareció un buen acuerdo y Jisc lo hizo bien, pero independientemente de lo que ocurriera en las negociaciones, sabíamos que no podíamos permitirnos el acuerdo con Elsevier», explicaron. «Tenemos que encontrar ahorros presupuestarios significativos que no afecten a los salarios, por lo que este era el lugar obvio por donde empezar», continuaron, señalando que estas decisiones se tomaron hace meses en el más alto nivel de la dirección de la universidad.Las universidades de Sheffield, Surrey y York, que cancelaron sus acuerdos con Elsevier a principios de 2025, han demostrado que los investigadores pueden arreglárselas sin acceso directo a las publicaciones de la editorial, entre las que se incluyen Cell y The Lancet, añadieron.««Leer» siempre fue lo más importante para nosotros, pero esas tres universidades demostraron que los investigadores podían acceder a los materiales muy rápidamente, normalmente en media hora [a través de préstamos interbibliotecarios]», explicaron.«No sé qué están haciendo esos tres, pero me sorprendería mucho que volvieran», añadieron sobre las instituciones que aún no han anunciado públicamente si aceptarán la oferta de Elsevier.Las universidades habían solicitado reducciones de precios de entre el 5 % y el 15 % sobre los 112 millones de libras esterlinas que gastan anualmente con estas cinco editoriales cuando sus contratos expiren a finales de 2025.Entre las que han confirmado que aceptarán la oferta de Elsevier se encuentran las universidades de Cambridge, Edimburgo, Exeter y Glasgow, así como la Queen's University de Belfast.En un comunicado, Elsevier afirmó que estaba «encantada de ver un alto nivel de participación en nuestro acuerdo en todo el sector, al tiempo que reconoce que las presiones financieras implican que unas pocas instituciones tendrán que trabajar con nosotros de forma individual para evaluar sus opciones».«Junto con Jisc, seguimos promoviendo el acceso abierto de forma sostenible y equitativa, al tiempo que garantizamos que los investigadores del Reino Unido tengan acceso a contenidos fiables y de alta calidad, así como a herramientas innovadoras que favorezcan el descubrimiento y el impacto social», añadió.***************************Three major research universities opt out of new Elsevier dealComplaints over ‘price increases’ and open access models spur UK institutions to walk away from offer from publishing giant, despite nationally negotiated agreementPublished on January 22, 2026Last updated January 22, 2026Jack GroveTwitter: @jgro_theThree UK research-intensive universities have revealed they will not be renewing subscriptions to Elsevier journals amid concerns over the cost of a nationally agreed deal. Last month the sector IT body Jisc, which has been leading talks with the “big five” academic publishers – Taylor & Francis, Elsevier, Springer Nature, Wiley and Sage – on behalf of the UK sector, announced negotiations had successfully concluded after nine months of talks.While Jisc said the deals represented “strong, market-leading offers that maximise value and deliver savings compared to historic pricing”, several universities have chosen not to take up subscriptions with the world’s largest publisher Elsevier, which runs more than 2,800 journals. In an statement on future journal access the University of Kent confirmed it is “not renewing the Elsevier Read and Publish agreement in 2026”, stating “funds released will be used to support a more sustainable and researcher focused approach to Open Access (OA) publishing at Kent, which includes funding for APCs [article processing charges] in Elsevier journals.” Details of whether the university will sign up to agreements with the other four publishers have not yet been released.An update by the University of Essex also confirms its deal with Elsevier has not been renewed, though agreements with Sage, Springer Nature, Taylor & Francis and Wiley for 2026 onwards are in place. “While the final offer from Elsevier was accepted in principle by the sector in national negotiations led by Jisc, our analysis is that the agreement is not acceptable to us locally,” it said.“Specifically, we were unhappy with the price increases, and Elsevier’s unwillingness to commit to a shift toward a more sustainable model of open access publishing,” it continued, stating Essex would “continue to monitor Elsevier usage throughout 2026 and will continue to engage in sector conversations around this publisher to inform our approach going forward”.The University of Sussex is also understood not to have renewed its agreement with Elsevier, listing on its website agreements for 2026-28 with Taylor & Francis and other smaller publishers but not Elsevier, Springer Nature and Sage beyond 2025. The university declined to comment. Most UK universities have yet to declare whether they are taking up the Jisc-negotiated Elsevier deal, with the 2023-25 agreement extended for a month until the end of January to allow for further talks.However, more universities will opt out once the grace period has expired, predicted a senior librarian at an institution that is one of those not taking up the Elsevier deal.“I thought it was a good deal and Jisc did well but whatever happened in the negotiations we knew we couldn’t afford the Elsevier deal,” they explained. “We have to find significant non-pay budget savings so this was the obvious place to start,” they continued, noting such decisions were made months ago at the highest level of university management.The universities of Sheffield, Surrey and York, which cancelled their Elsevier deals at the start of 2025, have shown researchers could cope without direct access to the publisher’s titles, which include Cell and The Lancet, they added.“‘Read’ was always the most important part for us but those three universities showed researchers could access materials very quickly, usually within half an hour [via interlibrary loans], they explained. “I don’t know what those three are doing but I’d be amazed if they went back in,” they added on the institutions which have yet to publicly announce whether they are taking up the Elsevier offer.Universities had been seeking price reductions of between 5 and 15 per cent on the £112 million spent annually with these five publishing houses when their deals expired at the end of 2025.Among those confirming they will take up Elsevier’s deal are the universities of Cambridge, Edinburgh, Exeter and Glasgow, as well as Queen’s University Belfast. In a statement Elsevier said it was “delighted to see a high level of participation in our agreement across the sector, while recognising that financial pressures mean a handful of institutions will need to work with us individually to assess their options”.“Together with Jisc, we continue to advance open access in ways that are sustainable and equitable, while ensuring UK researchers have access to trusted, high-quality content and innovative tools that support discovery and societal impact,” it added.jack.grove@timeshighereducation.com
Una Nación, Una Suscripción: Un Marco Transformador para una Ciencia Abierta Equitativa y Sostenible en el Sur Global
Kumari, Rakhi; Kushwaha, Ashwin Kumar (2026). One Nation One Subscription: A Transformative Framework for Equitable and Sustainable Open Science in the Global South [Presentación]. International Federation of Library Associations and Institutions (IFLA). Disponible en: https://repository.ifla.org/handle/20.500.14598/6981 Texto completo Este trabajo presenta la iniciativa india “One Nation One Subscription” (ONOS) como un modelo innovador para superar las…
BRASIL: CAPES firma Acuerdos Transformativos con Elsevier, Springer Nature y ACM
Publicado en Agência de Bibliotecas e Coleções Digitais - ABCD USPhttps://www.facebook.com/abcdusp/posts/pfbid0PXr5xCFTpFLFcWR31AHTaiqHphCkK8hXRTdXJ4Q4Q8pUcbNA7edi4uZzLdFkEx8nl CAPES firma acuerdos con ACM, Elsevier y Springer Nature: los investigadores brasileños podrán leer y publicar artículos gratuitamente.Descubre más: https://www.abcd.usp.br/informa/capes-acm-elsevier-e-springer-nature-2025-2026/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTAAYnJpZBExUjZYSktabUFleWthRERoMnNydGMGYXBwX2lkEDIyMjAzOTE3ODgyMDA4OTIAAR4GjF8GO1zpY3GdRuMDQDrF4tO1BhxRVnoZhA19XYf0Mikua7e0MfS_RmUZ0w_aem_kdpxJgW0r3Qcfl9X2M1uZALa Coordinación para el Mejoramiento del Personal de Nivel Superior (CAPES) anunció el 2 de diciembre la firma de acuerdos sin precedentes que marcan un nuevo capítulo en la ciencia brasileña.A partir de estos acuerdos, investigadores del país podrán leer y publicar, gratuitamente, en los periódicos de tres de las mayores editoriales científicas del mundo: Asociación para la Computación de Maquinaria (ACM), Elsevier y Springer Nature.La formalización tuvo lugar durante la ceremonia que celebra el 25 aniversario del Portal de Periódicos CAPES y contó con la asistencia de representantes de las tres editoriales.Los Acuerdos con Elsevier y Springer Nature entran en vigor el 1 de enero de 2026 y beneficiarán a profesionales de más de 400 instituciones brasileñas, garantizando el acceso a toda la cartera de periódicos híbridos y ampliando las posibilidades de publicación en revistas de alto impacto.USP - Universidade de São Paulo Agência de Bibliotecas e Coleções Digitais - ABCD USP**************************************CAPES firma acordos com ACM, Elsevier e Springer Nature: ler e publicar sem custosCoordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior (CAPES) anunciou, no dia 2 de dezembro, a assinatura de convênios inéditos que marcam um novo capítulo na ciência brasileira.A partir desses acordos, pesquisadoras e pesquisadores do país poderão ler e publicar, sem custos, em periódicos de três das maiores editoras científicas do mundo: Association for Computing Machinery (ACM), Elsevier e Springer Nature.A formalização ocorreu durante a cerimônia em celebração dos 25 anos do Portal de Periódicos da CAPES e contou com a presença de representantes das três editoras.Os acordos com a Elsevier e Springer Nature entram em vigor em 1º de janeiro de 2026 e vão beneficiar profissionais de mais de 400 instituições brasileiras, garantindo acesso ao portfólio completo de periódicos híbridos e ampliando as possibilidades de publicação em revistas de alto impacto.Além de fortalecer a política nacional de acesso aberto, a iniciativa posiciona o Brasil na vanguarda desse movimento global.Somente no grupo Nature, a expectativa é que cerca de 6 mil artigos por ano sejam publicados e disponibilizados gratuitamente, ampliando a visibilidade internacional da produção científica brasileira.Mais informações:Artigo CAPES: https://www.gov.br/capes/pt-br/assuntos/noticias/portal-de-periodicos-completa-25-anos-com-novos-acordos-e-livroArtigo Nature: https://group.springernature.com/gp/group/media/press-releases/ta-in-brazil-with-capes-2025/27832600?UTM_medium=social&UTM_content=organic&UTM_source=LinkedIn&UTM_campaign=SMT_%266777360064Transmissão Cerimônia 25 anos Periódicos CAPES: https://www.youtube.com/watch?v=P8YHh2JFQY8Leia também: PressReader.com | Brasileiros poderão publicar sem pagar em revistas da ACM, Elsevier e Springer Nature
JSTOR inicia su línea de libros en acceso abierto con 100 títulos
Publicado por JSTORhttps://about.jstor.org/news/first-100-path-to-open-books-now-available-open-access-worldwide-on-jstor/Consultar contenidos en acceso abierto de JSTOR: https://about.jstor.org/products/jstor-platform/whats-on-jstor/open-and-free/#searchJSTOR, parte de la organización sin ánimo de lucro ITHAKA, ha anunciado hoy un hito importante para la investigación abierta: los primeros 100 libros publicados a través de Path to Open ya están disponibles de forma abierta para lectores de todo el mundo. Publicados originalmente en 2023 con acceso anticipado para las bibliotecas participantes en Path to Open, estos títulos han pasado oficialmente a ser de acceso abierto, lo que supone la primera promoción en completar el programa de tres años de duración para la apertura.Path to Open se puso en marcha para abordar un reto persistente en el ámbito de la publicación académica: cómo ampliar el acceso global a los libros académicos revisados por pares y garantizar al mismo tiempo la sostenibilidad a largo plazo de las editoriales universitarias. A través de un modelo de reparto de costes respaldado por las bibliotecas, las editoriales reciben financiación garantizada de JSTOR para nuevas monografías, las bibliotecas obtienen acceso anticipado a las publicaciones académicas más recientes y, en última instancia, los títulos pasan a ser de libre acceso para cualquier persona en cualquier lugar, lo que aumenta el impacto de la labor académica de los autores. Este hito marca el comienzo de la realización de esa visión fundacional.«Path to Open se creó para equilibrar la sostenibilidad de los editores, las oportunidades para los autores y la asequibilidad para las bibliotecas», afirmó Kevin Guthrie, presidente de ITHAKA y director general de JSTOR. «Ver cómo los primeros 100 títulos pasan a estar disponibles de forma abierta demuestra que un modelo impulsado por la comunidad puede cumplir los tres objetivos a gran escala, al tiempo que amplía el acceso global a la investigación académica de alta calidad».Los títulos recién publicados abarcan una amplia gama de disciplinas de las humanidades y las ciencias sociales y han sido editados por editoriales de todos los tamaños, lo que subraya el compromiso del programa con la bibliodiversidad y la amplia participación en todo el ecosistema editorial académico.Su publicación también pone de relieve el importante impacto adicional que tienen los libros de acceso abierto al aumentar su descubrimiento y uso. En JSTOR, los libros de acceso abierto representan actualmente alrededor del 10 % de los títulos disponibles, pero suponen el 45 % de todo el uso de libros en la plataforma. JSTOR prevé que el uso de los primeros 100 títulos de Path to Open aumentará en más de un 300 % tras pasar a ser de acceso abierto, ya que serán accesibles para los lectores de miles de instituciones de todo el mundo y más allá del ámbito académico.El programa fue concebido y creado en colaboración con líderes de editoriales universitarias y el American Council of Learned Societies (ACLS), y sigue estando guiado por Path to Open Community Advisory Committee de bibliotecarios, editores y académicos.«El apoyo de ACLS a Path to Open refleja nuestra misión de fortalecer la creación y la difusión de la investigación humanística», afirmó Sarah McKee, directora del proyecto Amplifying Humanistic Scholarship (Ampliar la investigación humanística) de ACLS. «Este hito demuestra cómo la acción colectiva puede crear un ecosistema de acceso abierto más equitativo y duradero para los libros académicos».Los propios libros ilustran lo que este acceso ampliado significa para los académicos, profesores y estudiantes. Los primeros 100 títulos abiertos incluyen investigaciones sobre salud pública, religión, educación, comunicaciones, literatura, estudios cinematográficos e historia global, y muchos de ellos abordan temas, regiones y comunidades que tienen una cobertura académica limitada. Todos los títulos fueron publicados por editoriales universitarias y se sometieron a una rigurosa revisión por pares y a un riguroso proceso de desarrollo editorial.Varios de estos libros ya han sido reconocidos por su contribución académica, incluyendo títulos galardonados que ahora están disponibles gratuitamente para su adopción en cursos, citas y uso en investigaciones en todo el mundo. A medida que estas obras se abran al público en general, llegarán a nuevas audiencias, se introducirán más fácilmente en las aulas y apoyarán la investigación académica en todas las instituciones, independientemente de su presupuesto.En la actualidad, más de 250 bibliotecas y casi 50 editoriales participan en Path to Open, lo que demuestra su viabilidad como modelo financiero sostenible y continuo para la publicación de libros de acceso abierto.A finales de esta primavera, el Comité Asesor de la Comunidad Path to Open compartirá información actualizada sobre los próximos pasos de la iniciativa, incluyendo cómo los comentarios de la comunidad ayudarán a definir su dirección futura. Mientras tanto, se invita a las bibliotecas a seguir uniéndose al programa para ayudar a dar forma a la siguiente fase de este modelo en evolución y beneficiarse de ella.Para obtener más información sobre los orígenes de Path to Open, los títulos recién publicados y lo que este hito significa para las editoriales y bibliotecas participantes, lea el artículo «Celebrando los 100 libros de Path to Open que pasan a ser de acceso abierto» (“Celebrating 100 Path to Open books becoming open access”), escrito por John Lenahan, vicepresidente de Contenido Publicado de JSTOR.Más información en:https://about.jstor.org/news/first-100-path-to-open-books-now-available-open-access-worldwide-on-jstor/*****************************************************************January 12, 2026JSTOR, part of the nonprofit ITHAKA, today announced a major milestone for open scholarship: the first 100 books published through Path to Open are now openly available to readers around the world. Originally released in 2023 with early access for Path to Open participating libraries, these titles have officially “flipped” to open access, marking the first cohort to complete the program’s three-year pathway to openness.Path to Open was launched to address a persistent challenge in scholarly publishing—how to expand global access to peer-reviewed academic books while ensuring long-term sustainability for university presses. Through a cost-sharing model supported by libraries, publishers receive guaranteed funding from JSTOR for new monographs, libraries gain early access to frontlist scholarship, and titles ultimately become free to read for anyone, anywhere increasing the impact of authors’ scholarship. This milestone marks the beginning of the realization of that founding vision.
“Path to Open was built to balance sustainability for publishers, opportunity for authors, and affordability for libraries,” said Kevin Guthrie, President of ITHAKA and Manager Director for JSTOR. “Seeing the first 100 titles become openly available shows that a community-driven model can deliver on all three at scale while expanding global access to high-quality scholarship”The newly open titles span a wide range of disciplines across the humanities and social sciences and were published by presses of all sizes, underscoring the program’s commitment to bibliodiversity and broad participation across the scholarly publishing ecosystem.Their release also highlights the important additional impact open access books have through increased discovery and use. Across JSTOR, open access books currently make up about 10% of available titles, yet they account for 45% of all book usage on the platform. JSTOR anticipates usage of the first 100 Path to Open titles will increase by more than 300% after becoming open access, as they become discoverable to readers at thousands of institutions worldwide and beyond the academy.The program was conceived by and built in collaboration with university press leaders and the American Council of Learned Societies (ACLS), and continues to be guided by a Path to Open Community Advisory Committee of librarians, publishers, and scholars.“ACLS’s support for Path to Open reflects our mission to strengthen the creation and circulation of humanistic scholarship,” said Sarah McKee, Project Manager, Amplifying Humanistic Scholarship at ACLS. “This milestone shows how collective action can create a more equitable and durable open access ecosystem for scholarly books.”The books themselves illustrate what this expanded access means for scholars, instructors, and students. The first 100 open titles include research on public health, religion, education, communications, literature, film studies, and global history, with many addressing topics, regions, and communities that have limited existing scholarly coverage. All titles were published by university presses and underwent rigorous peer review and editorial development.Several of these books have already been recognized for their scholarly contribution, including award-winning titles that are now freely available for course adoption, citation, and research use worldwide. As these works become open to everyone, they will reach new audiences, travel more easily into classrooms, and support scholarship across institutions regardless of budget.Today, more than 250 libraries and nearly 50 publishers participate in Path to Open, demonstrating its viability as a financially sustainable, ongoing model for open access book publishing.Later this spring, the Path to Open Community Advisory Committee will share updates on next steps for the initiative, including how community feedback will help inform its future direction. In the meantime, libraries are invited to continue joining the program to help shape—and benefit from—the next phase of this evolving model.For a deeper look at the origins of Path to Open, the newly open titles, and what this milestone means for participating publishers and libraries, read the article “Celebrating 100 Path to Open books becoming open access” by John Lenahan, Vice President of Published Content at JSTOR.More at:https://about.jstor.org/news/first-100-path-to-open-books-now-available-open-access-worldwide-on-jstor/
Acceso abierto y las humanidades: contextos, controversias y futuro.
Eve, Martin Paul. Open Access and the Humanities: Contexts, Controversies and the Future. Cambridge: Cambridge University Press, 2014. Acceso a través de Fulcrum. https://www.fulcrum.org/concern/monographs/h989r611r La monografía analiza en profundidad la transformación de las bibliotecas y de la comunicación académica en el contexto digital, poniendo el foco en cómo las tecnologías emergentes están redefiniendo los modos…
Tenemos que hablar sobre la industria multimillonaria que tiene secuestrada a la ciencia
Publicado en ZME Sciencehttps://www.zmescience.com/science/news-science/we-need-to-talk-about-the-billion-dollar-industry-holding-science-hostage/Tenemos que hablar sobre la industria multimillonaria que tiene secuestrada a la cienciaTus impuestos financian la investigación. Y vuelves a pagar para leerla.Mihai Andreiby, 25 de noviembre de 2025, en Noticias, CienciaEl modelo de negocio de la mayoría de las editoriales científicas es tan audaz que cuesta creer que funcione. El argumento es el siguiente: consigues que algunas de las personas más inteligentes del planeta creen tu producto de forma gratuita. A continuación, consigues que otros expertos, personas que controlan la calidad de ese producto, también lo hagan de forma gratuita. Por último, vendes el producto a las mismas personas que lo han creado (y a los contribuyentes que lo han financiado) con un margen de beneficio exorbitante.Si intentaras presentar esta idea en Shark Tank, te echarían de la sala entre risas. Pero en el mundo de las publicaciones científicas, esto es algo habitual.Un nuevo y demoledor análisis, «The Drain of Scientific Publishing» (El agotamiento de las publicaciones científicas), sugiere que el sistema de publicaciones científicas se ha convertido en un grave problema para la ciencia. Mucho más que simples y molestos muros de pago, se trata de un agotamiento sistémico que está dañando activamente la capacidad de la humanidad para resolver problemas.Bienvenidos a la máquina¿Por qué los académicos aguantan esto? Porque no tienen otra opción.Los académicos tienen que demostrar constantemente su valía, y eso normalmente significa publicar estudios, preferiblemente en revistas de prestigio. Es la famosa doctrina de «publicar o perecer». Si no se publica un flujo constante de artículos en revistas de «alto impacto», no se obtienen subvenciones, no se consigue la titularidad y, en la práctica, se deja de existir como científico viable.Las editoriales han convertido esta ansiedad en un arma. Saben que los investigadores están desesperados por publicar para ascender en su carrera, por lo que han convertido el sistema en un negocio de volumen. «En sus inicios, las revistas estaban dirigidas a comunidades pequeñas y especializadas de lectores y, a menudo, sobrevivían gracias a la filantropía, el altruismo o el apoyo institucional», escriben los autores de la nueva reseña. «Sin embargo, desde la década de 1950, las publicaciones se han convertido en elementos clave en la competencia cada vez más feroz por el prestigio. El número de publicaciones en todo el mundo aumentó exponencialmente. Durante el mismo período, las editoriales comerciales sustituyeron a las antiguas organizaciones sin ánimo de lucro como fuerzas dominantes en lo que, a finales del siglo XX, se había convertido en una industria altamente rentable».La edición científica está ahora dominada por un «oligopolio» de gigantes comerciales como Elsevier, Springer Nature, Wiley y Taylor & Francis. Durante los últimos cinco años, estas empresas han mantenido de forma constante unos márgenes de beneficio superiores al 30 %. Elsevier, el peso pesado de este grupo, presume constantemente de márgenes superiores al 37 %.Para ponerlo en perspectiva, compárelo con el competitivo mundo de las grandes petroleras o el sector automovilístico. Toyota opera con un margen del 10 %; ExxonMobil también ronda el 10 %. Incluso Apple, la empresa favorita en cuanto a rentabilidad tecnológica, se sitúa en torno al 23 %. Las editoriales académicas están superando en beneficios a las grandes tecnológicas y petroleras vendiendo documentos que ni siquiera han escrito.Entre 2019 y 2024, sólo estas cuatro empresas obtuvieron más de 14,000 millones de dólares en beneficios. Para ponerlo en perspectiva, en 2024, la Fundación Nacional para la Ciencia, pilar de la innovación científica estadounidense, tenía un presupuesto de aproximadamente 9,100 millones de dólares. Mientras tanto, solo los investigadores norteamericanos pagaron a las editoriales más de 2,270 millones de dólares ese mismo año.La doble penalización: pagar por trabajarY la cosa empeora. Antes, el coste quedaba oculto en las suscripciones a las bibliotecas. Ahora, bajo el pretexto del «acceso abierto», por el que los artículos son de lectura gratuita para el público, el coste se ha trasladado directamente a los científicos.Ahora bien, si intentas leer un estudio reciente, es muy probable que no haya ningún muro de pago. Una gran noticia, ¿verdad? Por fin, la ciencia es abierta.Pero los investigadores no solo envían su contenido de forma gratuita. Ahora pagan «tasas de procesamiento de artículos» (APC) para que se publique su trabajo. Estas tasas generaron casi 9,000 millones de dólares para las principales editoriales entre 2019 y 2023.«Las editoriales comerciales han logrado monetizar los mandatos de los financiadores para el acceso abierto. Las tarifas de publicación de los autores se han convertido en nuevas fuentes de ingresos. En lugar de democratizar las publicaciones científicas, el acceso abierto ha ayudado a las editoriales comerciales a generar más beneficios. Se necesitan reformas más estrictas para abordar los factores desalineados de las publicaciones científicas», escribieron los investigadores.«Está claro que las editoriales están ganando mucho dinero con el trabajo de los investigadores, y en realidad no están haciendo gran cosa», afirma Lonni Besançon, profesora adjunta de Visualización en la Universidad de Linköping. Besançon, que ha expresado abiertamente la necesidad de una reforma, señala otro defecto crítico: la rendición de cuentas.«Vemos un gran efecto en cómo se corrige la ciencia. No hay incentivos para que nadie intervenga y haga el trabajo [de corrección]. ¿Por qué iban a hacerlo los editores? No se les paga por ello. Nadie es responsable... no hay propiedad ni agencia en la corrección de la ciencia».Esta insaciable demanda de «contenido» se basa en el trabajo no remunerado de los revisores pares. Sólo en 2020, los investigadores dedicaron aproximadamente 130 millones de horas a la revisión por pares. Ese es tiempo que no se dedica al laboratorio, ni a la enseñanza, ni a resolver problemas reales. No hay nada malo en la revisión por pares en sí misma. Sigue siendo la mejor forma que tenemos de garantizar un nivel de calidad estándar. Pero se trata de un trabajo no remunerado realizado por expertos en su campo.Peor aún, esta obsesión por el volumen está rompiendo la maquinaria de la verdad misma. Para mantener los beneficios, las editoriales necesitan rapidez. Esto ha llevado a una «osificación», en la que el gran volumen de artículos ralentiza el progreso porque nadie tiene tiempo para leer, reflexionar o asumir riesgos. Hemos mercantilizado la ciencia como si fuera comida rápida. Y, cada vez más, muchos artículos empiezan a parecerse a la comida rápida.Esto, por supuesto, ha llevado a la industrialización del fraude. Las «fábricas de artículos» —organizaciones falsas que producen estudios falsos a cambio de una tarifa— están saturando los registros científicos. También estamos viendo un aumento de tonterías generadas por IA y círculos de revisión por pares. Marcas enteras de revistas han colapsado bajo el peso de esta basura.«Las editoriales comerciales están íntimamente entrelazadas con el mundo académico, tanto en la forma en que recopilan datos sobre nosotros como en la forma en que se integran en la evaluación académica», señala Dan Brockington, profesor de ICTA-UAB e ICREA y coautor del estudio.¿Podemos solucionarlo?Los autores del análisis son tajantes: no podemos trabajar con las editoriales comerciales para solucionar esto. Es como esperar que las empresas petroleras solucionen el cambio climático: sus intereses son fundamentalmente incompatibles.Proponen la «recomunalización». Esto significa que las universidades, los financiadores y los gobiernos deben dejar de alimentar a la bestia. Sugieren modelos como el «Diamond Open Access», en el que las revistas son financiadas por las universidades y son de libre acceso y publicación.Besançon está de acuerdo en principio, incluso colabora en la gestión de una revista que funciona exactamente según este modelo. «Estoy de acuerdo en que necesitamos un cambio drástico». Sin embargo, considera que es una ilusión esperar que esto suceda de la noche a la mañana. La razón principal, según él, es el prestigio. Las revistas importantes gozan de gran prestigio y son las preferidas por los investigadores.«Es ingenuo pensar que esto va a suceder de la noche a la mañana», admite Besançon. «Si le preguntas a un investigador si prefiere publicar un artículo en nuestra revista o en una revista de Nature, por supuesto que elegirá la revista de Nature. Porque, en la actualidad, a los investigadores se les evalúa en función del prestigio de sus publicaciones».Tenemos la tecnología para cambiar el sistema (existen plataformas Diamond Open Access), pero nos falta la alineación cultural. Mientras un artículo en una revista con fines lucrativos te consiga un trabajo y uno en una revista gestionada por la comunidad no, los miles de millones seguirán fluyendo hacia esas editoriales.«Veo muchos obstáculos para que esto suceda», afirma Besançon. «Es muy difícil alinear las necesidades y opiniones de todos los países del mundo... En general, estoy de acuerdo, pero no veo que el cambio vaya a producirse a corto plazo».Sin embargo, en última instancia, el sistema actual es una elección. Da prioridad a las carteras de acciones de unas pocas empresas multinacionales sobre la integridad de los registros científicos. Desperdicia el tiempo y los recursos de los institutos de investigación.El statu quo se ha convertido en una carga para la ciencia, y podemos hacerlo mucho mejor.***********************************************We Need to Talk About the Billion-Dollar Industry Holding Science HostageYour tax dollars fund the research. You pay again to read it.Mihai Andreiby November 25, 2025 in News, ScienceThe business model of most scientific publishers is so audacious it’s hard to believe it works. Here’s the pitch: You get some of the smartest people on Earth to create your product for free. Then, you get other experts, people to quality-control that product, also for free. Finally, you sell the product back to the very people who made it (and the taxpayers who funded them) at an exorbitant markup.If you tried to pitch this on Shark Tank, you’d be laughed out of the room. But in the world of scientific publishing, this is just regular business.A damning new analysis, “The Drain of Scientific Publishing,” suggests that the science publishing system has become a major problem for science. Far more than just annoying paywalls, this is a systemic drain that’s actively damaging humanity’s ability to solve problems. Welcome to the MachineWhy do academics put up with this? Because they have to.Academics need to constantly prove their worth, and that usually means publishing studies, preferably in top journals. This is the infamous “publish or perish” doctrine. If you don’t have a steady stream of papers appearing in “high-impact” journals, you don’t get the grant, you don’t get tenure, and you effectively cease to exist as a viable scientist.Publishers have weaponized this anxiety. They know that researchers are desperate to publish to climb the career ladder, so they have turned the system into a volume business. “In their early days, journals served small, dedicated communities of readers and often survived on philanthropy, altruism or institutional support,” write the authors of the new review. “However, since the 1950s publications have become key tokens in the increasingly fierce competition for prestige. The number of publications worldwide increased exponentially. During the same period, commercial publishers took over from older non-profits as the dominant forces in what had, by the late twentieth century, become a highly profitable industry.”Scientific publishing is now dominated by an “oligopoly” of commercial giants including Elsevier, Springer Nature, Wiley, and Taylor & Francis. For the last five years, these companies have consistently maintained profit margins over 30%. Elsevier, the heavyweight champion of this group, consistently boasts margins over 37%. To put that in perspective, compare it to the cutthroat world of Big Oil or the automotive sector. Toyota runs at a 10% margin; ExxonMobil is also around 10%. Even Apple, the darling of tech profitability, sits around 23%. Academic publishers are out-profiting Big Tech and Big Oil by selling documents they didn’t even write.Between 2019 and 2024, these four companies alone raked in over $14 billion in profits. To put it into perspective, in 2024, the National Science Foundation, the bedrock of American scientific innovation, had a budget of roughly $9.1 billion. Meanwhile, North American researchers alone paid publishers over $2.27 billion that same year. The Double Dip: Paying to WorkIt gets worse. In the past, the cost was hidden in library subscriptions. Now, under the guise of “Open Access”, where papers are free for the public to read, the cost has shifted directly to the scientists. Now, if you try to read a recent study, there’s a good chance there won’t be a paywall at all. Great news, right? Finally, science is open.But researchers don’t just submit their content for free. They now pay “Article Processing Charges” (APCs) to have their work published. These fees generated nearly $9 billion for top publishers between 2019 and 2023. “Commercial publishers have managed to monetize funder mandates for Open Access. Author publication fees have become new revenue streams. Rather than democratizing scientific publishing, Open Access has helped commercial publishers generate more profits. More stringent reforms are required to tackle the misaligned drivers of scientific publishing,” the researchers wrote.“It’s clear that publishers are making a lot of money out of researchers’ work, and they’re actually not doing much,” says Lonni Besançon, an Assistant Professor of Visualization at Linköping University. Besançon, who has been vocal about the need for reform, points out another critical flaw: accountability. “We see a big effect in how science is corrected. There are no incentives for anyone to chime in and do the work [of correction]. Why would publishers do the work? They don’t get paid for it. No one is responsible… there’s no ownership or agency in correcting science.”This insatiable demand for “content” relies on the unpaid labor of peer reviewers. In 2020 alone, researchers donated an estimated 130 million hours to peer review. That is time not spent in the lab, not spent teaching, and not spent solving actual problems.There’s nothing wrong with peer-review per se. It’s still the best way we have to enforce a standard quality. But this is unpaid labor performed by experts in their field.Worse, this volume obsession is breaking the machinery of truth itself. To keep the profits flowing, publishers need speed. This has led to “ossification,” where the sheer volume of papers actually slows down progress because no one has time to read, reflect, or take risks. We’ve commodified science like fast food. And, increasingly, a lot of papers are starting to look like fast food.This, of course, has led to the industrialization of fraud. “Paper mills” — fake organizations that churn out bogus studies for a fee — are clogging the scientific record. We are also seeing a surge of AI-generated nonsense and peer review rings. Entire journal brands have collapsed under the weight of this garbage.“Commercial publishers are intimately entwined with academia, both in the way they collect data about us and in how they are integrated into academic evaluation,” notes Dan Brockington, ICTA-UAB and ICREA professor and co-author of the study. Can We Fix It?The authors of the analysis are blunt: We cannot work with commercial publishers to fix this. It’s a bit like expecting oil companies to fix climate change — their interests are fundamentally misaligned.They propose “re-communalization.” This means universities, funders, and governments need to stop feeding the beast. They suggest models like “Diamond Open Access,” where journals are sustained by universities and are free to read and free to publish.Besançon agrees in principle — he even helps run a journal that operates on this exact model. “I agree that we need drastic change.” But he thinks it’s wishful thinking to expect this to happen overnight. The main reason, he says, is prestige. Big journals have a lot of prestige, and they’re preferred by researchers.“It’s a naive take to think that this will actually happen overnight,” Besançon admits. “If you ask a researcher if they want a paper in our journal or in a Nature journal, of course, they will go for the Nature journal. Because currently, researchers are evaluated based on the prestige of their publication.” We have the technology to change the system (Diamond Open Access platforms exist), but we lack the cultural alignment. As long as a paper in a for-profit journal gets you a job and a paper in a community-run journal doesn’t, the billions will keep flowing to those publishers.“I see so many obstacles to this happening,” Besançon says. “It is very hard to align the necessities and opinions of all the countries in the world… I agree, overall, but I don’t see the change happening anytime soon.”Ultimately, however, the current system is a choice. It prioritizes the stock portfolios of a few multinational corporations over the integrity of the scientific record. It wastes time and resources from research institutes.The status quo has become a drain on science, and we can do so much better.
U.S.A.: los Institutos Nacionales de Salud insisten en limitar el pago de APC... los investigadores temen que eso les afecte
Publicado en Sciencehttps://www.science.org/content/article/nih-s-proposed-caps-open-access-publishing-fees-roil-scientific-community?fbclid=IwY2xjawO8D09leHRuA2FlbQIxMABicmlkETEwaGtucDVmRlphMjRYb3FWc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHjj1qKqn_qRfeT9begn5fX7hFoIiFFkFZxZd9WohjvLEexz6BXQ3082ZiT-g_aem_Bp5F5ErWOmk5khGC2Dcovg Los límites propuestos por los NIH para las tarifas de publicación de acceso abierto agitan a la comunidad científicaLa política, que se implementará el próximo año, recibió más de 900 comentarios, la mayoría de ellos críticos12 de diciembre de 2025Por Phie JacobsEn algún momento del próximo año, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) anunciarán nuevos límites sobre la cantidad de fondos que los beneficiarios pueden gastar en tarifas de publicación para que sus artículos sean de acceso abierto, o de lectura gratuita. La agencia afirma que su objetivo es reducir las tasas de procesamiento de artículos (APC), que considera "desproporcionadamente elevadas», una meta que muchos investigadores apoyan. Sin embargo, los comentarios públicos publicados la semana pasada por más de 900 investigadores, instituciones académicas y editoriales revelan una profunda preocupación por una propuesta que un comentarista, el radiólogo Geoffrey Young, del Mass General Brigham, califica de «bienintencionada, pero errónea». En su solicitud de comentarios públicos del 30 de julio, los NIH escribieron que el pago de elevadas APC (hasta 12,690 dólares por artículo en Nature) reduce los fondos disponibles para actividades de investigación. Sin embargo, muchos encuestados afirman que los límites máximos propuestos para las APC, que oscilan entre 2,000 y 6,000 dólares, no abordan los problemas más profundos del sector editorial científico y podrían impedir de forma injusta que algunos investigadores publiquen en revistas prestigiosas, lo que podría perjudicar sus posibilidades de ser contratados o de obtener una beca o un ascenso. «La batalla debe librarse entre los NIH y los editores, sin utilizar a los científicos como intermediarios», escribe un investigador anónimo que se encuentra en los inicios de su carrera. «Los costes de publicación son demasiado elevados, pero el coste de publicar está fuera de nuestro alcance». Los comentaristas también afirman que los límites propuestos para el APC parecen entrar en conflicto con el mandato de «embargo cero» de la agencia, que exige a los investigadores que reciben financiación federal que hagan público su trabajo tras su publicación. La política propuesta «parece poner a los investigadores en una posición imposible», escribe James Gold, investigador de esquizofrenia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland. Aunque los científicos pueden cumplir técnicamente este requisito enviando una versión de su artículo que haya sido aceptada por una revista, pero que aún no haya sido formateada ni editada, a un repositorio aprobado por los NIH, algunas editoriales de renombre han adoptado políticas que prohíben específicamente a los autores hacerlo.Las APC están destinadas a compensar los ingresos por suscripción cuando la investigación se hace de acceso abierto. Pero las universidades suelen pagar las suscripciones a las revistas, mientras que las APC suelen salir de los propios presupuestos de los investigadores. Muchos becarios ya renuncian a comprar materiales o equipos de laboratorio o utilizan sus propios fondos personales para pagar las tasas, según una encuesta realizada en 2022 por la AAAS, que publica Science. (El departamento de noticias de Science es editorialmente independiente). Las principales editoriales científicas sostienen que las tarifas son necesarias para la publicación y difusión de investigaciones de alta calidad. Taylor & Francis, Elsevier y Springer Nature, algunas de las editoriales de artículos científicos más grandes y rentables del mundo, presentaron extensos comentarios en los que argumentaban que las editoriales desempeñan un papel clave al coordinar la revisión por pares, editar y dar formato a los manuscritos, y filtrar el fraude y el plagio. Como escribe Springer Nature, el precio de las APC «refleja el coste real de la publicación y el valor que añadimos. Las APC varían según las revistas, ya que las revistas más selectivas requieren una mayor inversión». (La revista de acceso abierto Gold de Science, Science Advances, cobra una APC de 5,450 dólares. La AAAS, una organización sin ánimo de lucro, también presentó una respuesta detallada a la solicitud de comentarios públicos del NIH). Algunos científicos, aunque reconocen que algunos APC son excesivamente elevados, también defienden los costes de publicación. «Publicar ciencia de primer nivel cuesta dinero», escribe Kathleen Gould, bióloga celular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderbilt. «No pagar los costes de publicación», escribe Matthew Bogyo, biólogo químico de la Universidad de Stanford, «es como contratar a alguien para que te construya una casa y decirle que no vas a pagar los clavos».Stefanie Haustein, científica de la información de la Universidad de Ottawa, no se cree los argumentos de los editores. Las principales editoriales del mundo, a las que ella describe como «explotadoras», venden principalmente prestigio y factor de impacto, afirma, y operan sistemáticamente con márgenes de beneficio que superan con creces los de otras industrias lucrativas. Según un preprint reciente de Haustein y sus colegas publicado en arXiv, el margen de beneficio de Elsevier en los últimos cinco años siempre ha superado el 37 %. Aunque algunas revistas científicas y sin ánimo de lucro también cobran tarifas relativamente altas, las APC que cobran las editoriales comerciales representan miles de millones de dólares que pasan de los investigadores financiados con fondos federales a los accionistas privados. Los críticos también han señalado que muchas revistas de primer nivel siguen sin detectar casos de fraude, lo que plantea dudas sobre qué es exactamente lo que se paga con las APC.Muchos comentaristas temen que la política propuesta por los NIH tenga consecuencias no deseadas. «Limitar simplemente los costes permitidos en las subvenciones de los NIH es una medida poco eficaz que probablemente causará más daño que beneficio», escribe un comentarista anónimo. Un análisis reciente del equipo de Haustein, por ejemplo, revela una diferencia significativa entre los límites y los cargos impuestos por las revistas en las que publican los autores financiados por los NIH, lo que sugiere que la política limitaría aún más las opciones y aumentaría las desigualdades. Los investigadores consolidados de instituciones bien financiadas tienen más probabilidades de contar con fondos independientes para pagar los elevados APC de muchas revistas de primer nivel, mientras que los investigadores más noveles pueden verse obligados a publicar en revistas relativamente desconocidas y de bajo impacto. Los comentaristas también afirman que cualquier límite máximo propuesto probablemente se convierta en un mínimo en lugar de un máximo, lo que animaría a las revistas más baratas a inflar artificialmente sus tarifas, al tiempo que podría incentivar a las revistas más caras a escatimar en calidad para reducir los costes. Y Haustein señala que, si bien las revistas más pequeñas y menos influyentes pueden verse afectadas, es probable que las grandes editoriales encuentren formas de eludir los límites de las APC, posiblemente impulsando «acuerdos transformadores» con instituciones que cubran tanto el acceso a contenidos de pago como las APC, en lugar de cobrarlas a los autores individuales. Según ella, los límites propuestos por los NIH pueden acabar creando «una concentración aún mayor del mercado».«Por favor, concédenos la libertad académica necesaria para tomar las decisiones editoriales que sean mejores para nosotros y nuestra investigación», escribe Mary Cushman, hematóloga de la Universidad de Vermont. En un correo electrónico enviado a Science, un portavoz de los NIH escribió que la agencia «revisará y considerará todos los comentarios que ha recibido sobre la propuesta a medida que avancemos en el proceso de desarrollo de la política». Otras opciones siguen siendo objeto de debate en los NIH y entre los editores. Una de ellas proporcionaría a los autores y a sus instituciones más flexibilidad al limitar los reembolsos de las APC al 0,8 % de los costes directos de una subvención de investigación —el promedio calculado por la agencia de lo que los investigadores utilizan actualmente para pagar estas tasas— o a 20,000 dólares durante la vigencia de la subvención, lo que sea mayor. Algunas editoriales que se oponen en general a la idea de que los NIH impongan límites a las APC han respaldado a regañadientes este enfoque como la opción menos objetable.En su propuesta, los NIH también plantearon la idea de establecer límites máximos más altos para las APC en el caso de las revistas que pagan a los revisores por pares. Algunos comentaristas están a favor de estos pagos —casi inexistentes en la actualidad— porque los revisores dedican muchas horas de trabajo cualificado de forma gratuita. Sin embargo, a otros les preocupa que este modelo incremente aún más los costes de publicación e incentive a investigadores sin escrúpulos a aceptar más encargos de los que pueden realizar con el tiempo y la experiencia de que disponen. «Creo que una política de este tipo abriría una caja de Pandora de efectos negativos para la ciencia en general», escribe Gail Bishop, investigadora de inmunología de la Universidad de Iowa. Otra opción que está considerando el NIH sería eliminar por completo la financiación de la agencia para los APC y simplemente exigir a los autores que publiquen preprints sin revisar, de forma similar a la política adoptada recientemente por la Fundación Gates. Mientras que algunos comentaristas se muestran entusiasmados con esta idea, otros se preocupan por las consecuencias de eludir la revisión por pares. Haustein y otros comentaristas señalan que una verdadera reforma requeriría cambios más profundos en una cultura académica que, a la hora de evaluar a los investigadores, da tanta importancia a métricas como la productividad y los factores de impacto de las revistas. «Los investigadores como yo estamos obligados a publicar como parte de las expectativas de nuestro trabajo», escribe Jolene Ramsey, bióloga de la Universidad Texas A&M. «A menos que los NIH estén dispuestos a imponer la eliminación de tales requisitos de las directrices de graduación, permanencia y promoción de todas las universidades que reciben financiación federal, esta idea [de limitar el uso de las subvenciones de investigación para pagar los APC] es completamente insostenible». «Nos encontramos realmente entre la espada y la pared», escribe Ondine Cleaver, bióloga molecular del Centro Médico Southwestern de la Universidad de Texas. «El NIH dice que DEBEMOS publicar mucho. DEBEMOS publicar en acceso abierto. Y, sin embargo, propone recortar los fondos destinados a la publicación. ¿Cómo podemos sobrevivir a esto?».************************************************ScienceInsiderScientific CommunityNIH’s proposed caps on open-access publishing fees roil scientific communityPolicy to be implemented next year drew more than 900 comments, most of them critical12 Dec 2025By Phie JacobsSometime next year, the National Institutes of Health (NIH) will announce new limits on how much funding grantees can spend on publication fees to make their articles open access, or free to read. The agency says it aims to reduce “unreasonably high” article-processing charges (APCs), a goal many researchers embrace. But public comments released last week from more than 900 researchers, academic institutions, and publishers reveal deep concerns about a proposal that one commenter, radiologist Geoffrey Young at Mass General Brigham, calls “well-intentioned, but misguided.” In its 30 July request for public comment, NIH wrote that paying high APCs—up to $12,690 per paper, at Nature—lessens the funds available for research activities. But many respondents say the proposed APC caps, which range from $2000 to $6000, fail to address deeper problems in the scientific publishing industry and could inequitably block some researchers from publishing in prestigious journals, potentially hurting their chance of being hired or winning a grant or promotion. “The battle should be fought between the NIH and publishers, not using scientists as intermediaries,” writes one anonymous early-career researcher. “Publication costs are too high, but the cost to publish is out of our hands.” Commenters also say the proposed APC limits appear to conflict with the agency’s “zero-embargo” mandate, which requires researchers who receive federal funding to make their work publicly available upon publication. The proposed policy “appears to be putting investigators in an impossible position,” writes James Gold, a schizophrenia researcher at the University of Maryland School of Medicine. Although scientists can technically fulfill this requirement by submitting a version of their paper that has been accepted by a journal but not yet formatted or copy edited to an NIH-approved repository, some high-profile publishers have adopted policies specifically barring authors from doing so. APCs are meant to make up for subscription revenue when research is made open access. But universities generally pay for journal subscriptions, whereas APCs often come out of researchers’ own budgets. Many grantees already forgo purchasing lab materials or equipment or use their own personal funds to pay the fees, according to a 2022 survey by AAAS, which publishes Science. (Science’s News department is editorially independent.) Major scientific publishers argue the fees are necessary for the publication and dissemination of high-quality research. Taylor & Francis, Elsevier, and Springer Nature—some of the world’s largest and most profitable publishers of scientific papers—all submitted lengthy comments arguing that publishers play a key role by coordinating peer review, editing and formatting manuscripts, and filtering out fraud and plagiarism. As Springer Nature writes, APC pricing “reflects the true cost of publishing and the value we add. APCs vary across journals because more selective journals require greater investment.” (Science’s gold open-access journal, Science Advances, charges an APC of $5450. AAAS, a nonprofit, also submitted a detailed response to NIH’s request for public comment.) Some scientists, while acknowledging that some APCs are unreasonably high, also defended publishing costs. “It costs money to publish Gold Standard Science,” writes Kathleen Gould, a cell biologist at Vanderbilt University School of Medicine. “Not paying for publication costs,” writes Stanford University chemical biologist Matthew Bogyo, “is like hiring someone to build a house but saying you will not cover the costs of nails.” Stefanie Haustein, an information scientist at the University of Ottawa, doesn’t buy publishers’ arguments. The world’s top publishing companies, which she describes as “exploitative,” mainly sell prestige and impact factor, she says, and consistently operate with profit margins that far exceed those in other lucrative industries. According to a recent preprint from Haustein and colleagues published on arXiv, Elsevier’s profit margin over the past 5 years has always exceeded 37%. Although some society and nonprofit journals also charge relatively high fees, APCs charged by commercial publishers represent billions of dollars that flow from federally funded researchers to private shareholders. Critics have also pointed out that many top-tier journals still fail to catch instances of fraud, raising questions about what exactly the APCs are paying for. Many commenters fear NIH’s proposed policy will have unintended consequences. “Simply capping allowable costs on NIH grants is a blunt instrument that is likely to produce more harm than good,” one anonymous commenter writes. A recent analysis by Haustein’s team, for example, reveals a significant gap between the caps and the charges imposed by journals where NIH-funded authors actually publish, suggesting the policy would further constrain choices and widen inequities. Established investigators at well-funded institutions are more likely to have independent funding to pay the high APCs of many top-tier journals, whereas more junior investigators may be forced to publish in relatively obscure, low-impact ones. Commenters also say any proposed cap is likely to become a floor rather than a ceiling—encouraging cheaper journals to artificially inflate their fees while potentially incentivizing more expensive journals to skimp on quality to drive down costs. And Haustein notes that whereas smaller and less influential journals may be impacted, large publishers will likely find ways to get around APC caps, possibly by pushing “transformative agreements” with institutions that cover both access to paywalled content and APCs, rather than charging them to individual authors. NIH’s proposed limits, she says, may end up creating “even more market concentration.” “Please give us the ongoing academic freedom to make choices in publishing that are best for us and our research,” writes Mary Cushman, a hematologist at the University of Vermont. In an email to Science, a spokesperson for NIH wrote that the agency “will review and consider all the comments it has received on the proposal as we move forward in the policy development process.” Other options are still under discussion at NIH and among publishers. One would provide authors and their institutions more flexibility by capping reimbursements for APCs at 0.8% of a research grant’s direct costs—the agency’s calculated average of what researchers currently use to pay these fees—or $20,000 over the length of the award, whichever is greater. Some publishers generally opposed to the idea of NIH-enforced APC caps have reluctantly endorsed this approach as the least objectionable option. In its proposal, NIH also floated the idea of setting higher APC caps for journals that pay peer reviewers. Some commenters favor such payments—almost nonexistent today—because reviewers currently provide many hours of skilled labor for free. But others worry this model would further drive up publication costs and incentivize unscrupulous researchers to take on more assignments than they have time or expertise to do well. “I think such a policy would open a Pandora’s Box of ill effects for science in general,” writes Gail Bishop, an immunology researcher at the University of Iowa. Yet another option NIH is considering would scrap agency funding for APCs altogether and simply require authors to post unreviewed preprints, akin to recent policy adopted by the Gates Foundation. Whereas some commenters are enthusiastic about this idea, others worry about the consequences of bypassing peer review. True reform, Haustein and commenters note, would require deeper changes to an academic culture that stresses metrics such as productivity and journal impact factors when evaluating researchers. “Researchers such as myself are required to publish as part of our job expectations,” writes Jolene Ramsey, a biologist at Texas A&M University. “Unless the NIH is prepared to enforce removal of such requirements from university graduation, tenure, and promotion guidelines for all schools that receive any federal funding, then this idea [of limiting use of research grant funding to pay APCs] is completely untenable.” “We are really caught between a rock and a hard place here,” writes Ondine Cleaver, a molecular biologist at the University of Texas Southwestern Medical Center. “NIH says we MUST publish a lot. We MUST publish open access. And yet is proposing to cut funds allowable to publish. How can we survive this?” doi: 10.1126/science.zdmzuny
La «ciencia abierta» está aportando beneficios? Un importante estudio concluye que las pruebas son escasas
Publicado en Sciencehttps://www.science.org/content/article/open-science-delivering-benefits-major-study-finds-proof-sparse?utm_source=onesignal&utm_medium=webpush&utm_content=news&utm_campaign=webpush ¿La «ciencia abierta» está aportando beneficios? Un importante estudio concluye que las pruebas son escasasSegún los investigadores, es difícil medir el impacto social y económico de la libre disponibilidad de artículos y datos.30 de diciembre de 2025Por Jeffrey Brainard¿El movimiento de ciencia abierta —el impulso para que los resultados de la investigación, como artículos, datos y software, sean de libre acceso y reutilización— produce los beneficios que afirman sus defensores, como acelerar los descubrimientos y promover la alfabetización científica? La respuesta es un sí con matices, según uno de los estudios más completos y multifacéticos sobre esta cuestión compleja y controvertida. Por ejemplo, los artículos de acceso abierto son citados con mayor frecuencia en otros artículos y en solicitudes de patentes. Y los miembros del público que participan en la investigación, los llamados científicos ciudadanos, aprenden más sobre el tema en el que han colaborado gracias a la ciencia abierta.Estas son algunas de las muchas conclusiones publicadas el mes pasado por el proyecto Open Science Impact Pathways (PathOS). Sin embargo, el equipo multidisciplinar con sede en Europa que llevó a cabo los análisis también destacó que encontró pocas pruebas sólidas de que la ciencia abierta produjera directamente efectos duraderos y generalizados en la investigación o muchos beneficios económicos y sociales.Los expertos en ciencia abierta elogiaron el trabajo del grupo, que se detalló en una serie de informes finales. «No se encuentran muchos estudios como este que ofrezcan un análisis de 360° sobre lo que significa la ciencia abierta», afirma Lidia Borrell-Damián, secretaria general de Science Europe, una asociación de financiadores de investigación europeos. «Es un análisis muy honesto. [...] Hay deficiencias [en las pruebas]».El equipo de investigación de PathOS se sorprendió al no encontrar más pruebas de que el contenido abierto ofrezca beneficios cuantificables, afirma Ioanna Grypari, coordinadora del proyecto y economista del Centro de Investigación Athena de Atenas (Grecia), que apoya el espíritu emprendedor. Sin embargo, el equipo llegó a la conclusión de que es difícil determinar si el hecho de que un artículo académico o unos datos estén disponibles gratuitamente tiene una influencia cuantificable en su reutilización e impacto posteriores, al margen de otros factores como la calidad del contenido. Faltan ensayos controlados y, por lo general, los usuarios acceden a los repositorios públicos sin identificarse ni indicar cómo utilizan el contenido. Aun así, Grypari afirma: «Al final del proyecto, pudimos delimitar lo que no sabemos y cómo podemos aprovecharlo para aprender sobre estas cuestiones».Durante más de dos décadas, los defensores de la ciencia abierta han promocionado sus beneficios y los autores han pagado miles de millones de dólares a las editoriales para que los artículos sean de acceso libre: la mitad de los artículos científicos recién publicados ahora se pueden leer de forma inmediata y gratuita, frente a menos de una cuarta parte en el año 2000. También se han destinado fondos adicionales a la creación de repositorios públicos de datos de todo tipo, desde secuencias de proteínas hasta sedimentos del fondo marino. Sin embargo, cada vez más, los responsables políticos, especialmente en Europa, se preguntan si esta iniciativa está dando resultados.Los estudiosos de la ciencia abierta afirman que el proyecto PathOS ha abierto nuevos caminos en esta cuestión al combinar de forma creativa análisis cuantitativos amplios y revisiones bibliográficas con métodos cualitativos a pequeña escala, como grupos focales y seis estudios de casos diversos. Por ejemplo, un grupo analizó quiénes utilizaban HAL, un repositorio público de artículos académicos de Francia, examinando los registros del servidor que mostraban los dominios de Internet de las personas que accedían a él. Descubrió que personas de diversos sectores, como la informática, la administración pública y la edición, registraban en conjunto casi tantas visitas como las personas de instituciones educativas.«Estoy muy entusiasmado con [PathOS] como enfoque general de análisis que vincula lo pequeño con lo grande, y lo local con lo general», afirma Cameron Neylon, investigador independiente afiliado a la Universidad Curtin que no participó en el proyecto. En 2021, la UNESCO hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que se realizara un esfuerzo global con el fin de medir el impacto de la ciencia abierta. Los estudios que abordan esta cuestión suelen ser demasiado breves y se centran excesivamente en contabilizar las citas y el número de artículos publicados en acceso abierto, según afirmó Tony Ross-Hellauer, científico de la información del Know-Center, una organización de investigación con sede en Graz (Austria), en una presentación realizada en una conferencia de la UNESCO celebrada en julio. «Tenemos que dejar de medir lo que es fácil de medir y empezar a buscar lo que es importante», añadió Ross-Hellauer, uno de los investigadores de PathOS, en la misma reunión. Para aportar las pruebas que faltaban, algunos de los estudios de caso de PathOS, iniciados en 2022, analizaron las citas de nuevas formas para medir el impacto económico, social y en la investigación posterior de los recursos gratuitos. Por ejemplo, uno de ellos examinó más de 115,000 artículos de investigación sobre la COVID-19 publicados en 2020 y 2021 que compartían un nuevo conjunto de datos abiertos o código de software. El subconjunto de artículos para los que existían pruebas de que el conjunto de datos o el código habían sido utilizados posteriormente por otros —después de que el equipo de PathOS controlara una serie de factores— se citaban, en promedio, con más frecuencia en las solicitudes de patentes, y sus autores habían establecido más colaboraciones industriales.Sin embargo, los artículos que reutilizaban conjuntos de datos o software no obtuvieron más citas en las guías clínicas ni en los informes de ensayos clínicos. El equipo de PathOS especula que esto puede reflejar la cautela de los médicos a la hora de utilizar contenidos de investigación que podrían afectar a la seguridad de los pacientes. Aun así, un subconjunto de los artículos con conjuntos de datos o códigos reutilizados que eran de alta calidad y se publicaron al principio de la pandemia tendían a obtener más citas, incluso en los informes de ensayos clínicos. Eso sugiere que los datos o códigos abiertos «actúan más como un amplificador de la investigación sólida que como un motor independiente de impacto», concluye el estudio de caso. El proyecto PathOS concluyó que exigir una ciencia abierta puede tener repercusiones negativas, como lo demuestran las crecientes quejas sobre las tarifas que los autores o sus financiadores deben pagar para que los artículos de las revistas puedan leerse gratuitamente. Sin embargo, el equipo también encontró algunas pruebas de que poner los datos a disposición del público de forma gratuita puede reportar beneficios económicos. En un estudio de caso se examinó el uso del Universal Protein Resource (UniProt), una base de datos anotada de secuencias proteicas. Sus usuarios ahorraron el tiempo que habrían dedicado a buscar la información en otras fuentes, y este ahorro superó el tiempo que dedicaron a acceder, actualizar y anotar los datos de UniProt. El equipo de PathOS estimó que el beneficio neto oscilaba entre 3513 y 5475 euros por usuario al año, y que el valor total del tiempo ahorrado por los usuarios era siete veces superior al tiempo que dedicaron.Este y otros estudios de caso de PathOS ponen de relieve la necesidad de mejorar la curación de los conjuntos de datos, que varían mucho en cuanto a su facilidad de uso, afirma Grypari. Muchos carecen del código de software y otra información necesaria para que los usuarios puedan utilizar los datos de forma eficaz. Ameet Doshi, bibliotecario de la Universidad de Princeton que estudia la ciencia abierta, desea que se realicen más iniciativas como la de PathOS para comprender quién utiliza los datos públicos o los repositorios de artículos y cómo lo hace. Según él, es importante obtener comentarios directos de los científicos y otras personas, «porque el uso de la información es muy multifacético y depende en gran medida del contexto». En un estudio de 2022, por ejemplo, él y sus colegas analizaron más de un millón de comentarios dejados por personas que descargaron informes de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE. UU. y descubrieron que más de la mitad de los informes se utilizaban con fines no relacionados con la investigación, como ayudar a los veteranos a solicitar prestaciones por discapacidad y ayudar a los capellanes de los hospitales a mejorar su trabajo. Para ayudar a los financiadores e instituciones de investigación a medir el impacto de la ciencia abierta de forma más coherente y decidir si vale la pena el coste, PathOS ha elaborado un manual que identifica 31 indicadores. Los responsables del proyecto afirman que aún quedan varios indicadores por desarrollar plenamente, como los que relacionan las prácticas de ciencia abierta con el crecimiento económico y los beneficios para toda la sociedad, incluidos los nuevos tratamientos médicos.Doshi señala que evaluar las ventajas y desventajas de la ciencia abierta es cada vez más importante, ya que parte del público parece querer más acceso libre. «Hacer que [la investigación fiable] sea más accesible podría ayudar a contrarrestar los aspectos más contaminados del entorno informativo, de las burbujas de filtro y de las redes sociales», afirma. PathOS es «un excelente comienzo para lo que espero que sea una mayor atención a la evaluación del impacto y el contexto de uso».//////////////////////////ScienceInsiderScientific CommunityIs ‘open science’ delivering benefits? Major study finds proof is sparseIt’s hard to measure social and economic impacts of making papers and data free, researchers say30 Dec 2025By Jeffrey BrainardDoes the open science movement—the push to make research outputs such as articles, data, and software free to read and reuse—produce the benefits its supporters claim, such as accelerating discovery and promoting science literacy? The answer is a qualified yes, according to one of the most comprehensive, multifaceted studies of the complex and divisive issue. For example, open-access articles are cited more by other papers and in patent applications. And members of the public participating in research, so-called citizen scientists, learn more about the topic they helped on thanks to open science.Those are some of the many conclusions released last month from the Open Science Impact Pathways (PathOS) project. But the multidisciplinary team based in Europe that conducted the analyses also stressed it found little strong evidence that open science directly produced long-lasting and widespread effects on research or many economic and social benefits. Scholars of open science praised the group’s work, which was detailed in a series of final reports. “You don’t find many studies like this that have a 360° analysis of what open science means,” says Lidia Borrell-Damián, secretary general of Science Europe, an association of European research funders. “It’s a very honest analysis. … There are shortcomings [in the evidence].” The PathOS research team was surprised not to find more proof that open content delivers measurable benefits, says Ioanna Grypari, the project’s coordinator and an economist at the Athena Research Center in Athens, Greece, which supports entrepreneurship. But the team concluded it is challenging to tease out whether making a scholarly article or data freely available produces a measurable influence on subsequent reuse and impact, separate from other factors such as the content’s quality. Controlled trials are lacking, and typically users tap public repositories without identifying themselves or how they are using the content. Still, Grypari says, “By the end of the project we were able to narrow down what it is we don’t know and how can we build [on that] so that we learn about these things.” For more than 2 decades, supporters of open science have touted its benefits and authors have paid billions of dollars to publishers to make articles open access—half of newly published scientific papers are now immediately free to read, up from less than one-quarter in 2000. Additional funding has also gone to set up public data repositories of everything from protein sequences to seafloor sediments. But increasingly, policymakers, especially in Europe, have been asking whether this push is producing results. Scholars of open science say the PathOS project blazed new ground on this question by creatively marrying broad, quantitative analysis and literature reviews with fine-scale, qualitative methods, including focus groups and six diverse case studies. For example, one group looked at who used France’s HAL, a public repository of scholarly papers, by examining server logs showing the internet domains of people who accessed it. It found that people in a variety of industries—such as computing, public administration, and publishing—together logged almost as many visits as people at educational institutions. “I’m quite excited by [PathOS] as a general approach to analysis that links the small scale with the large scale, and the local with the general,” says Cameron Neylon, an independent researcher affiliated with Curtin University who wasn’t involved in the project. In 2021, UNESCO called for a global effort to measure the impacts of open science. Studies addressing this are typically too short and concentrate too much on counting citations and how many articles are published open access, said Tony Ross-Hellauer, an information scientist at the Know-Center, a research organization in Graz, Austria, in a presentation at a UNESCO conference in July. “We need to stop measuring what’s easy to measure and start looking for what’s important,” Ross-Hellauer, one of PathOS’s researchers, added at the same meeting. To supply the missing evidence, some of PathOS’s case studies, begun in 2022, looked at citations in new ways to measure the downstream research, economic, and social impacts of free resources. For example, one examined more than 115,000 research papers about COVID-19 published in 2020 and ’21 that shared a new, open data set or software code. The subset of papers for which there was some evidence that the data set or code was subsequently used by others were—after the PathOS team controlled for a variety of factors—cited on average more often in patent applications, and their authors had formed more industry collaborations. But the papers with reused data sets or software did not attract more citations by clinical guidelines or clinical trial reports. The PathOS team speculates that may reflect clinicians’ caution about utilizing research content that could affect patient safety. Still, a subset of the papers with reused data sets or code that were of high quality and were published early in the pandemic tended to draw more citations even in clinical trial reports. That suggests the open data or code “acts more as an amplifier of strong research than as a stand-alone driver of impact,” the case study concludes. The PathOS project concluded that requiring open science can have negative impacts—witness the growing complaints about the fees authors or their funders have to pay to make journal articles free to read. But the team also found some evidence that making data freely available can have a financial payoff. One case study examined use of the Universal Protein Resource (UniProt), an annotated database of protein sequences. Its users saved time they would have otherwise spent digging up the information from other sources, and this exceeded the time they put in accessing, updating, and annotating UniProt data. The PathOS team estimated the net benefit at between €3513 and €5475 per user annually—and that the overall value of users’ time saved was seven times that of the time they spent. This and other PathOS case studies highlight the need for better curation of data sets, which vary widely in ease of use, Grypari says. Many lack the software code and other information needed for users to utilize the data effectively. Ameet Doshi, a librarian at Princeton University who studies open science, wants to see more efforts like PathOS’s to understand who is using public data or article repositories and how. Getting direct feedback from scientists and others is important, he says, “because the use of information is so multifaceted and so highly context dependent.” In a 2022 study, for example, he and colleagues analyzed more than 1 million comments left by people who downloaded reports of the U.S. National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine and found more than half of the reports were used for nonresearch purposes, such as helping veterans apply for disability benefits and assisting hospital chaplains to improve their work. To help research funders and institutions measure the impact of open science more consistently and decide whether it’s worth the cost, PathOS developed a handbook that identifies 31 indicators. Project leaders say several indicators remain to be fully developed, such as ones linking open-science practices to economic growth and societywide benefits including new medical treatments. Doshi notes that assessing the pros and cons of open science is becoming increasingly important as segments of the public seem to want more of this free access. “Making [reliable research] more accessible broadly could help to counteract the more polluted aspects of the information environment, of filter bubbles and social media,” he says. PathOS is “an excellent start to what I hope will be more attention paid to assessing impact and context of use.” doi: 10.1126/science.za60q6wAbout the authorJeffrey BrainardmailShare on XAuthorJeffrey Brainard is a reporter at Science in Washington, D.C., covering scientific publishing, open science, peer review, the science of science, and other topics. He can be reached on Signal at jbrainard.19 and on Bluesky at @jeffreybrainard.bsky.social.
EIFL: IA Generativa en la publicación de acceso abierto Diamante
EIFL: Inteligencia artificial generativa en la publicación de acceso abierto DiamanteNoviembre de 2025. Esta selección de recursos ayuda a los editores y directores de revistas de acceso abierto (OA) de Diamond a comprender y abordar los retos que plantea el uso de la inteligencia artificial generativa (IA) en el ámbito de la publicación académica.El recurso incluye guías, cursos en línea, blogs, vídeos y seminarios web sobre los siguientes temas clave:Introducción a la IA generativa en el sector editorial.Integridad en la investigación.Revisión por pares.Cuestiones legales y éticas.Uso de la IA en tareas editoriales y de producción.Abordar el uso de la IA en las políticas de las revistas.La selección fue recopilada por EIFL en colaboración con miembros de la Comunidad de Práctica sobre Publicación de Acceso Abierto sin Costes en África (No-Fee Open Access Publishing in Africa Community of Practice), como parte del proyecto Colaboración para la Publicación de Acceso Abierto Sostenible en África (Collaboration for Sustainable Open Access Publishing in Africa), con el apoyo de Wellcome Trust.Cite este documento como: EIFL. (2025). Generative AI in Diamond Open Access Publishing. Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.17580185Ver:https://eifl.net/resources/generative-ai-diamond-open-access-publishing////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////EIFL: Generative AI in Diamond Open Access PublishingFrom: liblicense-l@groups.io <liblicense-l@groups.io> on behalf of Ann Okerson via groups.io <aokerson=gmail.com@groups.io>Sent: Thursday, December 18, 2025 4:20:38 PMTo: liblicense-l@groups.io <liblicense-l@groups.io>Subject: [LIBLICENSE-L] EIFL: Generative AI in Diamond Open Access Publishing November 2025. This selection of resources helps editors and publishers of Diamond open access (OA) journals to understand and address the challenges of working with generative artificial intelligence (AI) in scholarly publishing.The Resource includes guides, online courses, blogs, videos and webinars on the following key topics: Introduction to Generative AI in PublishingResearch integrityPeer reviewLegal and ethical issuesUsing AI in editorial tasks and productionAddressing AI use in journal policies. The selection was compiled by EIFL in discussion with members of the No-Fee Open Access Publishing in Africa Community of Practice, as part of the Collaboration for Sustainable Open Access Publishing in Africa project, supported by the Wellcome Trust.Cite this document as: EIFL. (2025). Generative AI in Diamond Open Access Publishing. Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.17580185See:https://eifl.net/resources/generative-ai-diamond-open-access-publishingABOUT THE RESOURCETYPE: GuideAUTHOR: EIFL, in collaboration with the No-Fee Open Access Publishing in Africa Community of PracticeDATE: November 2025LICENCE: Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0)DOCUMENT LANGUAGE: EnglishThis selection of resources helps editors and publishers of Diamond open access (OA) journals to understand and address the challenges of working with generative artificial intelligence (AI) in scholarly publishing.The Resource includes guides, online courses, blogs, videos and webinars on the following key topics: Introduction to Generative AI in PublishingResearch integrityPeer reviewLegal and ethical issuesUsing AI in editorial tasks and productionAddressing AI use in journal policies.The selection was compiled by EIFL in discussion with members of the No-Fee Open Access Publishing in Africa Community of Practice, as part of the Collaboration for Sustainable Open Access Publishing in Africa project, supported by the Wellcome Trust.Cite this document as:EIFL. (2025). Generative AI in Diamond Open Access Publishing. Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.17580185
Neoliberalismo, burocracia y Robert Maxwell: cómo las revistas científicas primaron el negocio sobre el saber
Publicado en elDiario.eshttps://www.eldiario.es/sociedad/neoliberalismo-burocracia-robert-maxwell-revistas-cientificas-primaron-negocio_1_9952229.htmlNeoliberalismo, burocracia y Robert Maxwell: cómo las revistas científicas primaron el negocio sobre el saberEl mercado editorial, hasta entonces en manos de las sociedades científicas, sufrió un primer cambio a mediados del SXX a través de la figura de Maxwell; la llegada del neoliberalismo e internet en los 90 acabó de transformarlo Daniel Sánchez Caballero19 de febrero de 2023 Actualizado el 23/02/2023La Ciencia no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que los investigadores no pagaban por publicar, en el que las revistas científicas no eran un pingüe negocio y se centraban más en el conocimiento que en los ingresos. Pero una lluvia de dinero, el aumento del volumen de trabajo y por tanto de la carga administrativa y la ambición de Robert Maxwell en la Europa de la posguerra transformaron el sector. Hoy los científicos tienen que costearse sus propias publicaciones con fondos que en teoría son para investigar, editan el trabajo de sus colegas gratis y, en ocasiones, tienen que pagar de nuevo –personalmente, los menos, o sus instituciones– por leer el trabajo que ellos mismos generan para que otros se queden con los beneficios. Pero la Ciencia no siempre fue así, insiste Carlos Chaccour, investigador del ISGLOBAL. “Desde que aparecieron en el siglo XVII las primeras publicaciones científicas y la diseminación del conocimiento, estaba todo en manos de las sociedades científicas. Pero eran simplemente los científicos contándose sus historias y compartiendo hallazgos”, recuerda Chaccour.Luego vendrían las revistas propiamente, pero el sistema se mantuvo bajo ese modelo hasta mediados del siglo XX. Entonces, en la Europa de la posguerra se juntó todo: un modelo agotado, pequeño, ineficiente e incapaz de dar una respuesta ágil en términos de publicación a la creciente producción científica, que se acumulaba en las sociedades esperando turno, una lluvia de dinero para las instituciones y la irrupción de la persona que cambiaría el mercado para siempre.Un tipo ambicioso con muchas ideasAchacar todo el cambio que se ha producido en un sector cualquiera a un solo hombre suele ser complicado –excepto para los Henry Ford de la vida–, y más un cambio tan grande, pero quienes conocen esta historia le ponen nombre y apellido al declive: Robert Maxwell. Maxwell es una figura intrigante. Checo de nacimiento y británico de adopción, murió en las Canarias en 1991 al, supuestamente, caerse de su barco y ahogarse, una versión cuestionada desde muchos frentes. Pese a que fue multimillonario, falleció sepultado en deudas y tras haber vaciado el fondo de pensiones de sus empleados. Sobre su figura han pesado también sospechas de que era agente del Mossad, el servicio secreto israelí, y tuvo una relación muy cercana con la URSS. Este editor ha pasado a los libros como un magnate de la prensa capaz de rivalizar con Rupert Murdoch –fueron enemigos de negocios y también ideológicos– y fue incluso diputado laborista británico. Entre todas estas actividades encontró tiempo para modificar por completo la estructura de publicación de ciencia y ser considerado el padre del actual sistema de revistas.La de Maxwell es la historia de un oportunista, una persona con ambición, visión y talento que tras pelear en la II Guerra Mundial con los británicos se encontró en Berlín en 1946, con 23 años y el objetivo declarado de hacerse millonario, según recuerda este artículo de The Guardian. Allí se encontró en el sitio exacto en el momento preciso.Tras la guerra, el Gobierno británico estaba preocupado por el paupérrimo estado en el que se encontraba el ecosistema nacional de publicaciones científicas, varios años por detrás de un cuerpo científico que incluía apellidos ilustres como Fleming o Darwin (nieto). Así que decidió relanzar la histórica editora nacional Butterworths, uniéndola con la solvente –y alemana– Springer.Maxwell, que vivía entonces en la capital germana y había colaborado con Springer, encontró en esa fusión su oportunidad. Empezó a trabajar para la nueva empresa y acabó haciéndose con ambas editoriales. El momento fue perfecto. Llamó a la unión de ambas Pergamon Press –años más tarde se la vendería a Elsevier–, y se dispuso a cambiar el sector. El primer gran movimiento, que de hecho empezó su socio, Paul Rosbaud, fue convencer a las sociedades científicas, que históricamente habían controlado sus propias revistas, de que necesitaban más publicaciones, más especializadas, cada una en su pequeño nicho. Para ello bastaba con persuadir a la persona adecuada y, premio, ponerla al frente. El siguiente paso fue vender las suscripciones de estas revistas a las bibliotecas universitarias, boyantes de dinero en aquellos momentos. El sistema estaba montado. Una nueva revista por semanaIsidro F. Aguillo, responsable del laboratorio de Cibermetría del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, cuenta que en su momento más álgido el editor llegó a abrir una revista nueva cada semana. “Se dio cuenta del negocio que había”. En 1959, Pergamon editaba 40 publicaciones. En 1965 sumaba 150. Era la cabeza del mercado sin un rival cercano. Fue perfeccionado y ampliando el método: pasó de crear revistas a comprar las que aún editaban las sociedades, o gestionarlas a cambio de una cuota mensual.También cambió las maneras en la ciencia. Abordaba a los científicos en las conferencias para ficharlos y que editaran o publicaran en exclusiva con él. Lo hacía de manera agresiva u ofreciéndoles lujos (fiestas, viajes en barco) a los que no estaban acostumbrados. Ganó científicos para sus revistas, pero perdió a su socio Rosbaud, que no estaba de acuerdo con sus métodos. El dinero que ponía por delante podía con todo. “Era muy impresionante”, dijo en una ocasión Leslie Iversen, antiguo editor del Journal of Neurochemistry. “Cenábamos y tomábamos un buen vino, y al final nos entregaba un cheque: unos miles de libras para la sociedad. Era más dinero del que nosotros, los pobres científicos, jamás habíamos visto”.Una de las claves del éxito de Maxwell fue que supo ver (o crear) un hecho clave: el mercado de la publicación científica es infinito. Cuando se entiende que cada artículo es único, que da cuenta de un descubrimiento exclusivo y que no se puede reemplazar por otro, se llega a la conclusión de que crear una nueva revista no le quita negocio a su teórica competidora. Solo lo amplía. Cuando aparece una nueva revista simplemente los científicos pedirán a su institución que se suscriba a ella para estar informados. Y a seguir facturando.La llegada del neoliberalismoA Maxwell también se le relaciona, explica Chaccour, con la creación del factor de impacto, el índice bibliográfico más utilizado en Ciencia y que mide la frecuencia con la cual ha sido citado el artículo promedio de una revista en un año en particular. “No aceptaba todo, solo ciertos artículos, lo que favorece que se cite más, más gente quiera publicar en sus revistas y él pueda seleccionar”, explica el investigador.Según esta teoría, esto modeló el factor de impacto, que se utiliza hoy para evaluar la calidad de una revista. En ocasiones los editores también tiran de este índice para justificar sus precios, tanto para suscribirse como para publicar. Y para indexar una revista en la Web of Science (WoS) o Scopus, los dos sitios de referencia, las empresas tienen más capacidad que las sociedades científicas. Unáse a toda esta corriente el desembarco del neoliberalismo en la Ciencia y la comercialización total de las revistas y salen los ingredientes para el siguiente gran cambio en el sector de la publicación científica.Vicenzo Pavone, del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, explica que hacia finales de los 80 “las revistas de referencia estaban gestionadas por las propias comunidades o sociedades científicas, y seguían el mismo protocolo de calidad que se sigue hoy”. Los costes de editar las revistas se cubrían con las cuotas de membresía de los propios científicos que pertenecían a estas sociedades.Pero a partir de los noventa, continúa Pavone, “las sociedades científicas empezaron a subcontratar o directamente vender sus revistas a empresas como Elsevier. Es decir, la gestión científica (gratuitamente ofrecida) se quedaba en la sociedad científica, pero la gestión técnica y comercial de la revista pasaba a ser tarea de las editoriales”.En paralelo llegó la sustitución del papel por internet. Antes de esto las revistas ya aplicaban una política de suscripciones particular, que no se basaba en el valor del producto que vendían, explica Aguillo. “Había precios diferentes para suscripciones de revistas. Uno era el individual, que podía ser 40 o 50 dólares anuales. Pero si lo compraba una institución el precio se multiplicaba por 20 o 30 hasta los 900 o 1000 dólares”. Por el mismo producto, una revista en papel.Y llegó internet: otro soporte, mismo negocioInternet lo cambió todo, también en este sector. “Aunque lo que cobraban [las revistas] por el papel ya entonces no era real, dejó de ser cierto definitivamente [sin los costes del papel y de imprimir]”, explica Aguillo. Pero a los editores les siguió pareciendo natural seguir cobrando por la suscripción; podía haber cambiado el formato, pero el producto era el mismo.Sin embargo, ante la proliferación de revistas algunas de las universidades norteamericanas más potentes (Harvard, Stanford) se plantaron, recuerda Aguillo. Pagaban muchas suscripciones y sus científicos les pedían más. No había fondos para todo. “Este fue uno de los orígenes del open access”, asegura el investigador del CSIC.Ante el pie en pared de muchos clientes y el impulso de las instituciones de la “ciencia abierta”, se creó otro modelo. En vez cobrar por la lectura de los artículos a través de suscripciones, las revistas cargaron los costes a los investigadores que querían publicar. Les cobraban una cantidad en concepto de “procesamiento de artículos” (APC, en sus siglas en inglés), que varía según el factor de impacto de la revista (actualmente puede subir hasta los 10.000 dólares en las de más prestigio) –pese a que todo el trabajo técnico lo hacen, de manera gratuita, los propios científicos–, pero abrían el acceso a todo el mundo.Pavone lamenta que instituciones como la UE hayan apostado por la ciencia abierta, pero sin plantearse otro modelo al de pagar por publicar que se ha acabado imponiendo. “No se ha esforzado, ni siquiera se ha debatido, en buscar un modelo alternativo. Creo que la solución no es crear nuevas revistas” de acceso libre y sin coste para el investigador, rechaza la idea que proponen algunos científicos. “Las hay muy buenas y son las que la gente lee. Pero si la UE me paga a mí [a través de los proyectos de investigación] para que yo le pague a una editorial, ¿por qué no le pagan directamente a las academias para que gestionen sus revistas?”, se pregunta.Aguillo recuerda que “el ánimo mercantilista de las revistas no es nuevo, quizá sea más evidente. Pero antes era la biblioteca la que pagaba y estaba presionada por los investigadores para tener las suscripciones y ahora se ha pasado el coste a los investigadores, que se han vuelto más conscientes de lo que supone”. Una evolución que recuerda a la de tantos sectores, que poco a poco han ido desplazando los costes al usuario final. ¿Qué balance global ha dejado el cambio de modelo? “El usuario final de países en desarrollo ha ganado porque tiene acceso ahora a revistas que antes no podía”, opina. “Pero han perdido los investigadores que no tengan un proyecto (sea de manera estructural o coyuntural) y han perdido los jóvenes y por supuesto los investigadores privados, que no tienen una institución detrás que pague por publicar”.